Aqui estoy tranquila La danza de las horas llega La danza de la espera sigue. Yo soy la vida.

sábado, 4 de enero de 2014

La sabiduría se manifiesta en la sencillez, en la ausencia de presunción, en no pretender demostrar en todo momento lo que uno sabe, los méritos que ha ido acumulando en una vida de conocimiento e investigación.. Y eso es lo que encontraremos en el compartir con Lucy Magallanes de Ortega




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Dicen que la mediocridad es la ausencia de cualidades personales en
individuos grises, que no se destacan por nada, comunes, corrientes,
vulgares, ordinarios, resentidos, que hacen vida vegetativa. Que no
tienen voz, sino eco. Son fantasmas que existen a hurtadillas como
temerosos contrabandistas. El escritor Salvador Garmendia los llamo
piadosamente, “pequeños seres”.
Mediocre se aplica a la persona cuya inteligencia es poco sobresaliente,
asimismo a las cosas que tienen poco valor o mérito. Mientras
que adocenado equivale a comprendido entre la gente de calidad inferior,
sin sobresalir de lo vulgar, corriente o común a muchos. Chapucero se
atribuye a la persona que trabaja tosca y groseramente, así como a
los hechos que merecen tales calificativos. Ordinario se refiere al
individuo común, corriente, vulgar, grosero, trivial, que no tiene
especialidad particular en su línea.
El sociólogo argentino, José Ingenieros, en su libro “El hombre mediocre”,
publicado en 1913, trata sobre la naturaleza del ser humano, sostiene
que “no hay hombres iguales”.
Manifiesta: “El hombre mediocre es incapaz de usar su imaginación para
concebir ideales que le propongan un futuro por el cual luchar. De ahí
que se vuelve sumiso a la rutina, a los prejuicios, a las domesticidades y
así se vuelve parte de un rebaño o colectividad, cuyas acciones o motivos
no cuestiona, sino que sigue ciegamente. El mediocre es dócil,
manejable, ignorante, un ser vegetativo, carente de personalidad,
contrario a la perfección, solidario y cómplice de los intereses creados
que lo hacen borrego del rebaño social. Vive según las conveniencias
y no logra aprender a amar. En su vida acomodaticia se vuelve vil
y escéptico, cobarde. Los mediocres no son genios, ni héroes ni santos”.
“Un hombre mediocre no acepta ideas distintas a las que ya ha recibido
por tradición, sin darse cuenta de que justamente las creencias son
relativas a quien las cree, pudiendo existir hombres con ideas
totalmente contrarias al mismo tiempo. A su vez, el hombre mediocre
entra en una lucha contra el idealismo por envidia, intenta opacar
desesperadamente toda acción noble, porque sabe que su existencia
depende de que el idealista nunca sea reconocido y de que no se
ponga por encima de sí”.
Vivimos inundados en un mar de pequeñeces, de pequeñas y grandes
pequeñeces; ahogados y asfixiados en un mundo donde seres pequeños
se revuelven contra todo ser grande que sobresalga y descarga
sobre él su odio y su envidia; donde los valores de la inteligencia
se desconocen y no se perdonan: donde existe un resentimiento contra
toda posible excelencia y una indecorosa parcialidad en favor de lo
pequeño, al preferir un bien inferior a uno superior; donde se detesta
a los individuos íntegros y se acepta tan solo a los moldeables; donde
no se rinde honor a los méritos sino que se les ataca; donde cada día
adquiere mayor predominio la moral de las almas mediocres, dedicadas
a aplastar todo brote de superioridad y de grandeza; donde cualquier
excelsitud al juzgar a un semejante se destruye con un “sí, pero”
o un “lástima que” donde encubiertos complejos de inferioridad llevan
a regatear la generosidad.
Las pequeñeces impiden lo grande. Por eso vivimos sumergidos
en la mediocridad, porque la única condición aceptable para salvarse
de la pequeñez es el ser o hacerse mediocre, el estar sólo dotado de
pequeñas dosis de virtud o el poseer valores ínfimos. Al no ser capaces
de percibir, o aceptar las excelencias del prójimo, se impide el
perfeccionamiento de la persona, ya que la admiración de lo insigne
trae el deseo de alcanzar el respeto
Hay ambientes de pequeñez, medios donde proliferan más las
pequeñeces: los profesionales y los políticos.
Por pequeñeces, valiosos profesionales son marginados y segregados
de la vida pública: no se les perdona su competencia ni su trayectoria
ni sus conocimientos ni el saberlos más allá y por encima de las
contingencias de un cargo temporal o una elección. Por pequeñeces se
pisotean prestigios y se desconocen o tratan de ignorarse auténticos
valores.
La medianía es lo que nos impide crecer y aspirar a tener ideales
entre nosotros. Podemos constatar con gran tristeza que nos satisface
que nada cambie para seguir iguales, apoltronados en
comodidades cuyo ambiente es la inferioridad. Nos cuesta trabajo
el esfuerzo, porque el empeño sostenido requiere de sacrificios y
análisis constantes para que se convierta en acción -y esto es lo
que nos hace falta a todos-.
Sobre la mediocridad, destacadas personas se han referido a ello
El escritor francés François de la Rochefoucauld, -1613-1680-
señala: “Los espíritus mediocres suelen condenar todo aquello
que está fuera de su alcance.”
Por su parte el científico y filosofo francés, Blaise Pascal -1623-1662-,
expresa: “Sólo conviene la mediocridad. Esto lo ha establecido
la pluralidad, y muerde a cualquiera que se escapa de ella por
alguna parte”.
Anatole France, escritor francés -1844-1924-, manifiesta: Los hombres
mediocres, que no saben qué hacer con su vida, suelen desear
el tener otra vida más infinitamente larga”.
El escritor norteamericano Joseph Heller, -1923-1999-, afirma: “En
esta vida algunos hombres nacen mediocres, otros logran mediocridad
y a otros la mediocridad les cae encima.
Cuando reflexionamos sobre cómo adquirir la excelencia podemos
percatarnos del grado de imperfección y conformismo en que nos
encontramos.
Son pocos los que piensan que sólo vive quien deja huella de las
obras que realiza y lucha por un ideal. Ser mediocre en suma es
ver en sí, ni en nadie, valor alguno y negarse a la iniciativa de crecer.
Tenemos la obligación de dejar de lado la pequeñez, el conformismo,
y no limitarnos a contar la historia, sino a hacer historia.

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