Aqui estoy tranquila La danza de las horas llega La danza de la espera sigue. Yo soy la vida.

sábado, 23 de noviembre de 2013

A propósito del tejido de Lucy recordemos esta bella leyenda de nuestros pueblos originarios: Waleker (la araña que enseñó a tejer a la mujer wayuú) es una leyenda sobre el origen del tejido guajiro. Cuenta la historia que un día tres hermanas malvadas sin hijos recibieron a una pequeña niña deforme, poseedora de una riquísima sabiduría, que lleva dentro de sí el espíritu del tejido por ser la hija de una araña. Las mujeres encuentran cada mañana los tejidos que hace la niña de noche y aunque saben que son maravillosos no los valoran. Llevan las piezas a la sabia de la tribu (Piache) quien examina lo que ocurre y se ve sorprendida por la aparición del espíritu de la araña. El espíritu vuelca sobre las tres hermanas una maldición que las convierte en murciélagos (otra leyenda wayúu).

El tejer de los ancestros en manos adolescentes
Los Wayúu son un pueblo indígena que habita la Península de la Guajira, que forma parte de Venezuela y Colombia. Esta comunidad de estructura matriarcal, se ha adaptado a las inclemencias del clima de un desierto de paisajes alucinantes frente al mar Caribe. Su tejido descansa en el mito y los ritos de iniciación del encierro adolescente. Recios, creativos, solidarios, hospitalarios, respetuosos de la palabra, los Wayúu conservan celosamente sus profundas tradiciones culturales, su apego a la tierra, una lengua propia y comparten en sus "rancherías" un mundo diferente al de los "arijunas" (extranjeros).
Los kanás (diseños) de sus tejidos hacen parte del arte antiguo de la tejeduría que, mediante hermosas figuras abstractas geométricas, representan su estructura matriarcal y comunitaria, el centro del universo, su medio ambiente y su cotidianidad, recreando el mundo que les rodea: sus animales, caminos, plantas y pensamientos. Elaboran a mano con agujas coloridos chinchorros de intrincadas puntadas, mochilas, "guaireñas" (sandalias), fajas y tapetes; y conservan una bella alfarería que utilizan para el transporte del agua, así como orfebrería y bisutería en oro y semillas. El tejido es preponderantemente femenino, mientras el hombre se dedica a la cría de chivos.


“LA LEYENDA DE WALEKER”
LA DEIDAD DE LOS TEJIDOS WAYUU

Versión sobre el origen de los tejidos en el pueblo Wayuu
Cuentan los viejos Wayuu, que un día de primavera cuando los pájaros cantaron de alegría anunciando las primeras lluvias; cuando los suspiros florecieron y se llenaron de perfume los caminos, un joven salió de cacería por los montes del ISASHII, donde sólo impera la soledad y el miedo:
Aquel joven era un cazador valiente, como esos que llevan, en el pulso la prueba de su valor y en el cuerpo las huellas de sus heridas.
Dicen los ancianos que, cuando aquel joven nació, una estrella se desprendió del cielo e iluminó la noche. Y los augures vaticinaron al recién nacido grandes sorpresas en su vida.
Aquella mañana el cazador habíase adentrado lo bastante en el interior del monte cuando oyó de pronto, una vocecita suave que parecía brindar por los ramajes.
Al principio creyó que se trataba de un simple crujir de ramas a merced del viento. Y prosiguió su marcha.
Al rato, volvió a oír una risita entrecortada como la de un chiquilín a quien le hicieran cosquillas. Creyó el cazador que se trataba de un pajarito oculto entre las hojas. Y sin hacer caso reanudó su marcha.
Al dar un paso más, volvió a sentir la tierna vocecita. Esta vez, aguzó el oído, contuvo la respiración, acomodó la flecha sobre el arco y esperó que se repitiera el extraño rumor.
Muchas cosas pensó el joven en aquel instante: creyó que fuese una serpiente cazadora imitando las voces de su presa: creyó que fuesen las ramas del boscaje rozándose entre sí. Y hasta pensó que fuese un WANULUU en forma de pájaro que trataba de asustarlo.
Una mezcla de temor y curiosidad se apoderó del joven, quien bajo el temple de su coraje y la agudeza de sus sentidos avanzó poco a poco hacia el punto de donde salía la voz.
Cuál no sería su sorpresa, al ver una niñita echada en el suelo jugando con las hormigas.
Aquella niña fea, barrigona y sucia, se entretenía haciendo puentecitos por donde iban y venían las inquietas hormiguitas.  Se reía a carcajadas cuando las veía saludarse con toda cortesía por los caminitos que trillaban. Otras veces, con una ramita les hacía agujeritos en el suelo por donde entraban y salían en ordenado afán. Y así, le repartía sabandijas y miguitas de PÜLAA que ellas acarreaban a sus cuevas.
Aquella criatura despertó tanta curiosidad en el joven, que este acercándose sigilosamente a ella por entre las matas, quiso asustarla. Pero la niñita al verlo no dio signos de mayor sorpresa.
-Qué hacéis aquí, niña?
-No veis que estoy jugando con mis amigas. –Respondió. El joven, entonces la abrumó de preguntas.
-¿De dónde sois? ¿Con quién habéis venido a estos parajes? ¿Quienes son vuestros padres? ¿Estáis extraviada?
La niña no hizo caso y siguió jugando con sus amiguitas.
Ella decía:
-Siempre WOKOLOONAT, nunca trae nada. Mientras las demás trabajan ella se queda en su galería haciéndose la tonta.
Esto era refiriéndose a una hormiguita cabezona que era muy perezosa.
El joven, sorprendido ante aquello que veía, creyó que estaba en un PULOÜI de extraños maleficios. Más, cuando trató de huir la niñita le dijo:
-No temáis, señor, que mis amiguitas no os harán daño, ellas son muy bondadosas y tan pronto caliente el sol se irán a sus casitas.
El joven, respondió:
-No sé quién sois. Tan pronto creo que sois una criatura de verdad, como un WANULUU en forma humana.
-No, no soy WANULUU; soy tan humana como vos, y prueba de ello es que, si dudáis de mí, llevadme y dejadme donde os mejor parezca. Yo soy triste huérfana que no tengo familia.
Mi madrecita la devoró un KALAIRA y mis hermanitas perecieron todas. Yo siento el temor de la soledad porque nadie se conduele de mí. Estas, mis amigas me acompañan en el día, mientras que en las noches, el frío aliento de los bosques llenan de lágrimas mis ojos.
A la niña, se le agolparon las penas, y haciendo una mueca en el semblante prorrumpió a llorar amargamente, a la vez que restregaba su rostro con el sordo de sus manitas sucias.
El joven, del estupor pasó a la compasión, y después de oír las palabras de aquella deforme criatura un beso de ternura estampó en su corazón. Había encontrado una florecita, antes hija de azar, ahora hija de su alma. Y con tierna caricia de buen padre la consoló en el acto.
El joven tomó de la mano, la levantó del suelo y la llevó consigo a su vivienda.
Aquel joven tenía unas hermanas orgullosas que jamás conocieron la ternura, nacidas tal vez, para nunca conocer la felicidad de madre; vientres estériles donde nunca cuajaron los frutos del amor; manos frías que no conocieron las caricias.
Cuando vieron a su hermano trayendo en sus brazos a una criatura repugnante dijeron:
-Esto es el colmo! Dónde habrá encontrado nuestro hermano semejante monstruosidad. De seguro que ese engendro de fealdad nos lo ha traído para asustarnos. Merece que se la destirpemos en su cabeza –dijo otra.
Y comenzaron a reírse haciéndole el ridículo a su hermano al verlo tan solicito con aquella criatura chata, cabezona, de ojos pelones, patoja, ventruda, lagañosa y fétida.
Cuando el joven llegó, les dijo:
-Hermana, os traigo esta niña para que cuidéis de ella, le prodiguéis los cuidados que merecen a su edad. Y la consideréis como una hermanita más, como una sobrina, como una hija. Recordad nuestra infancia desvalida y sin amor, después de haber perdido a nuestra madre. Crecimos como crecen las plantitas que no se dejan ahogar entre tupidos bruscales y malezas. Un tanto es ella, criatura endeble que puede traernos gozos o desdichas; pero que siempre nos recuerda lo bien que nuestros padres pudieron hacer de nuestras vidas.
Ellas escondiendo sus malvadas intenciones, simularon acatar las palabras de su hermano.
El joven dispensaba a la niñita los mayores cuidados: La bañaba, la peinaba, le daba de beber en su totuma, la acostaba en su chinchorro, la mecía y la dormía.
En los ratos de ocio, la consentía en todos sus antojos; la cargaba entre sus brazos, le plasmaba muñequitos de cera y de barro para que jugara, la arrullaba con canciones imprecisas, la acariciaba y le refería cuentos de un paraíso de sueños.
Jamás permitía que un asomo de tristeza afligiera su tierno corazón. Aquel joven era como un padre afectuoso, quien puso a la niñita el nombre de WOKOLOONAT en recuerdo de su amiga la hormiguita perezosa.
IRUNUU (Estrella que cae), se llamaba el joven, así lo pusieron los augures por haber nacido la noche en que una estrella se desprendió del cielo.
IRUNUU era el único varón, era el sostén de la casa, vivía con sus tres hermanas a quienes cuidaba y defendía.
Una mañana IRUNUU se levantó temprano, se caló su JAPUKIITU’U (Muñequera), llenó de agua su tapara, tomó sus armas, y llamó a sus hermanas.
-Hermanas, hoy tengo que ausentarme todo el día, voy a remontarme lo bastante en el corazón del bosque, para ventear un venado que ayer se me escapó, regresaré por la tardecita si tengo suerte.
-Aquí os dejo la niña a vuestro cuidado; procurad que no llore ni pase hambre; bañadla y mantenedla limpia; procurad que no sienta tristeza ni desgano.
-Así lo haremos, hermano –Respondieron ellas.
Aquella mañana IRUNUU se fue de cacería antes que la aurora se desparramara sobre los montes.
Tras la ausencia de IRUNUU sobrevinieron las amarguras de WOKOLOONAT.
Las malvadas mujeres comenzaron a hostilizarla de palabras y de trato. Aquella mañana la hicieron levantar a sacudiones de chinchorro. Le espetaron en la cara sus defectos, su origen, su horrible condición. La hicieron presa de sus mofas, le dieron la hiel de sus palabras y la insultaron de mil modos.
El chinchorro de IRUNUU donde dormía la niña, lo despedazaron a jirones y lo quemaron; la totuma donde antes bebía, la rompieron y la botaron; todo por el asco que le tenían a la pobre niña.
La amenaza y el maltrato se siguieron de cerca.
Si lloraba; la obligaban a que callase, si no callaba; blandían el mandador para azotarla. De suerte que, la pobre criatura estaba a merced de aquellas energúmenas peor que las fieras de la selva.
Aquel día le dieron de comer las sobras en una concha de icotea. Pasó la tarde, vino la noche; pero su protector no llegaba de sus largas incursiones.
Aquella noche WOKOLOONAT la hicieron dormir en las cenizas del fogón. Con los perros, con las pulgas, en el frío de la noche. Al día siguiente, llegó IRUNUU con un venado a cuesta, y las hermanas muy contentas salieron a recibirlo.
Al dejar la presa, preguntó:
-¿Dónde está WOKOLOONAT?
-Jugando con las hormigas, -Respondieron ellas.
La niña, al oír la voz de su amado protector corrió hacia él, y llena de gozo se lanzó en sus brazos.
-Hija mía! –Exclamó
La niña enternecida se deshizo en llanto. . . Con sus lágrimas quiso lanzar una protesta y una acusación, porque no sabía defenderse de otro modo. IRUNUU comprendió su arrebato pero no supo las razones que la impulsaban.
Del monte trájole un Kalumet de piedra y una flor de KANASPI que puso en su muñeca.
Luego dirigiéndose a sus hermanas que lo miraban con desdén, les dijo:
-Hermanas, os hago un reproche. No cuidasteis  de la niña como yo encomendé. Sucia, llorosa y hambrienta la encuentro.  ¿Qué habéis hecho de mi niña? ¿Dónde está vuestro cariño, vuestro afecto de mujeres compasivas?
-Hermano, cumplimos todo cuanto nos dijisteis pero esa niña es descuidada, Sólo gusta revolcarse en el suelo y jugar con arena y con hormigas. Ayer rompió vuestra IITA con sus pies y de rabia no comió. Anoche ensució vuestro chinchorro de excrementos y a escondidas lo quemó. Cuando nos levantamos, la encontramos durmiendo en las cenizas; la bañamos en el acto, le cambiamos el traje, y después se revolcó en la arena mofándose de nosotras. Volvemos a deciros, que es incorregible.
IRUNUU, aceptando las razones de sus hermanas volvíose a WOKOLOONAT, y con gesto cariñoso le dijo:
-Hija mía, ¿Por qué lo habéis hecho? Portaos bien con vuestras tías.
WOKOLOONAT no sabía que decir, se le atoró la voz en la garganta y su corazoncito se nubló de llanto y de lágrimas se inundaron sus ojitos.
Al otro día, el joven se fue como de costumbre a sus lejanas cacerías; no sin antes haber encomendado a sus hermanas el cuidado de WOKOLOONAT.
Tan pronto se alejó IRUNUU, las malvadas mujeres descargaron sobre la niña sus peores crueldades. Jugaron con ella, como juega una fiera con su víctima indefensa. Le hicieron mil maldades: Le pincharon las manitas con punzones encendidos, le hicieron oler sus excrementos; con un cordel atado a los pies la levantaron en peso hasta la altura de la enramada para que se balanceara de cabeza y vomitara.
Aquellas mujeres despiadadas reían haciendo sufrir a la niña.
Cuando le suspendieron el suplicio tenía los pies hinchados y lloraba amargamente.
Aquel día no le dieron comida sino huesos para que royera, y el lavado de las ollas para que bebiera.
Cuando llegó la noche la hicieron acostar en una choza alejada del resto de la vivienda, para que WANULUU le oprimiera la garganta y los duendes de la noche se la llevaran.
Cuando la niña quedó sola, recordó a su amado protector. Sus gestos, su bondad, su dulzura de padre; siguió con el pensamiento todos sus pasos; evocó su triste condición de no tener un chinchorro en que dormir, ni manta que vestir ni faja que lucir.
Ella conversaba consigo misma. Las mujeres dormían. Al verse sola, WOKOLOONAT cambió su forma de niña fea; y se convirtió en una doncella hermosísima que iluminó la noche con el fulgor de sus ojos.
Su belleza era incomparable, ya no era la niña repugnante que infundía miedo; sino la MAJAYUT de mágicos embrujos. Solo la noche conocía el secreto de aquella transformación, de aquella flor salvaje que nació bajo sus sombras por obra de un prodigio.
Las mariposas; porque así lo aprendió de ATTIA, la que tejió el arco iris sobre los cielos y el cinturón de KA’I sobre la aurora La muchacha, imponente y hermosa se levantó y miró a su alrededor como quien teme ser vista al desnudarse; pero todo estaba tranquilo, nada se movía. . . el silencio dominaba la noche.
La doncella llevóse los dedos a la boca y sacó del cerco de sus dientes un hilo tan fino y centelleante que parecía una hebra de luz. Con aquel hilo trazó la vaporosa  urdimbre y con hábiles manos comenzó a enhebrar las tramas de su tejido.
WOKOLOONAT sacaba de su saliva los hilos con que tejía. De sus labios húmedos brotaron madejas policromas que fue combinando con exquisita delicadeza.
WOKOLOONAT era una hábil tejedora hasta entonces desconocida. Para ella no había secretos en el arte de tejer, porque todos los conocía. Sabía combinar los colores maravillosos con que se visten. Sabia imitar los matices de las flores; porque así se lo enseñó KANASPI. Sabia tejer encajes primorosos como los que teje el mar con sus espumas.
Tal era el prodigio de WOKOLOONAT, que ahora tejía un chinchorro para IRUNUU.
La muchacha terminó su obra en la madrugada antes que los animales despertaran y el lucero matinal se levantara.
Había tejido un chinchorro de bellísimos colores que semejaban el plumaje de los WA´AMAYA. Rápidamente lo dobló y lo tendió afuera sobre un horcón de la enramada, donde las malvadas mujeres roncaban su pesado sueño.
En el tiempo que demora un pestañar de ojos, el prodigio de la beldad se diluyó en las sombras y la doncella volvió a su primitiva forma de niña repulsiva y fea.
El día amaneció radiante, pero a medida que avanzaba se tornaba pesado y bochornoso.
Las mujeres sorprendidas de ver aquel tejido tan extraño, on visos de serpientes enrolladas, no se atrevieron tocarlo por temor que fuese un WANULUU. Pero la curiosidad venció el temor.
Examinaron la asimetría del tejido, la disposición de los hilos, sus colores, su hechura, su dimensión exacta. Todo era perfecto, no había duda, aquella preciosidad era obra de una hábil tejedora, y no de malos espíritus como creyeron antes.
Pensaron que fuese de algún caminante nocturno que de paso la dejó olvidada.
Buscaron huella en los senderos, pero nada vieron.
Fueron a la pieza donde dormía  WOKOLOONAT para ver si el WANE’ETUUNAY el destripador de niños la había cambiado por aquel chinchorro. Pero la encontraron dormida todavía.
Ninguna suposición les aclaro el enigma.
Aquel día llego IRUNUU con varios conejos y perdices colgados de la cintura.
Después de entregar a sus hermanas la humilde presa, llamó a  WOKOLOONAT.
La acarició como de costumbre; pero esta vez a más de la mugre que le cubría y la hacía heder el cuerpo, notó que había enflaquecido que sus pies estaban hinchados y sus manitas avejigadas.
Sorprendido preguntó a sus hermanas con dureza:
-¿A qué viene que mi niña tenga los pies hinchados, las manos avejigadas y el cuerpo enflaquecido? ¿No la bañasteis, no le diste de comer? ¿La habéis torturado acaso? Piojosa, enflaquecida, mugrienta, la encuentro, como siempre
Ellas para atenuar el tono de las preguntas respondieron:
-La cuidamos con esmero, hermano. Ayer mientras fuimos a buscar la leña, la picaron los ciempiés; por eso tiene los pies hinchados, jugando tropezó con las topias del fogón y se quemó con las brasas encendidas; por eso tiene las manos avejigadas. La veis flaca porque detesta la comida; solo gusta roer huesos y lamer el fondo de los calderos. Limpiamos su cabeza de piojos y de liendres y luego la bañamos. Pero después sin darnos cuenta, comenzó a jugar con excrementos.
IRUNUU convencido ante aquellas mentiras bien tramadas se entristeció; al pensar que su niña era irremediablemente boba. La niña volvió a llorar sus amarguras y se fue a consolar con las hormigas.
Complacidas las malvadas por la buena aceptación de sus mentiras, dijeron a IRUNUU, mostrando la joya aparecida:
-Hermano ayer tejimos para vos este chinchorro, como prueba del afecto que os tenemos. Toda la noche trabajamos para tenerlo listo y podáis descansar en el, después de vuestras largas caminatas.
Así hablaron las impostoras haciendo creer que ellas habían tejido el chinchorro.
IRUNUU, admirado ante aquel regalo sorpresivo, alabó el talento de sus hermanas, la firmeza de sus manos, el buen gusto de su arte, y sobre todo el desprendimiento de tan bella prenda.
El joven tomó el presente y para que no se ajara, lo guardó en su capotera; para usarlo en momentos oportunos. De un viaje, de una fiesta, de un encuentro.
Aquella misma tarde, el joven incansable se fue de cacería después de encomendar a sus hermanas la suerte de WOKOLOONAT.
Cuando ya la noche se acercaba, las perversas mujeres se dijeron:
-No se nos tranquilizará el ánimo hasta no ver con nuestros ojos quien hizo ese chinchorro, quien lo trajo y cómo vino. Esta noche velaremos juntas.
-Yo mascaré MANIIA para no dormir –dijo una,
-Yo utilizaré un punzón bien caliente, para pinchar la que se duerma   –dijo otra.
-Yo atizaré el fuego para darnos lumbre –dijo la tercera.
-No repuso la que primero habló.
-La lumbre ahuyentará las cosas y no podremos ver nada a sus reflejos. Es preciso estar en silencio y en completa oscuridad.
WOKOLOONAT oía con aflicción el comentario de las malvadas, quienes tramaban un plan para sorprenderla aquella noche.
Ellas no sabían que WOKOLOONAT se transformaba en doncella para tejer, ni siquiera remotamente lo pensaban.
Pero aquella niña grotesca, horriblemente repulsiva tenía necesariamente que transformarse todas las noches para elaborar tos tejidos que sabía.
Cuando las formas de las cosas desaparecieron en las sombras, las mujeres se juntaron a velar. A WOKOLOONAT la mandaron a dormir temprano.
La noche avanzaba, el momento de transformarse en doncella se acercaba.
Las mujeres echadas en el suelo permanecían despiertas; de pronto dijeron en voz baja para que no las oyera YOLUJAA:
-Colguemos el chinchorro cuyo misterio queremos descubrir, para darnos unas mecidas en el, y disfrutar de su dulce tentación, Cuando las tres mujeres se acostaron, un profundo sopor las envolvió y quedaron como muertas en el acto.
Aquel chinchorro maravilloso tenia la virtud de los sueños enervantes. El que se acostara en el durante el día, se tornaba vicioso y holgazán; el que lo hacía en la noche, dormía profundamente un sueño letífero como el que duermen los muertos en sus huecos.
El sueño venenoso de aquel chinchorro solo duraba hasta el amanecer, porque en el día debilitaba las fuerzas y mataba el ánimo.
Aquella noche la doncella llamada WALEKER, imitó los colores conque los genios tejieron los paisajes. Los mantos que tejen los inviernos sobre las llanuras; las enredaderas que se entretejen sobre los árboles; el pabellón de las neblinas que cubren la cuesta azul de los montes; las blancuras de las nubes que afloran en la lontananza y la armonía de los crepúsculos vespertinos.
Aquella gama de colores maravillosos los combinó la doncella en una noche, para dar variedad a sus tejidos.
Hizo una manta color de cielo on encajes de filigrana (AANALAA). Una ruana de felpa. Un SHE’E enlistado de tintes espectrales. Una faja ancha de KANASÜ de diferentes tonos y decorada con líneas zigzagueantes (SI’IRA). Un amplio cinturón de figuras geométricas armoniosamente acabadas en borlas multicolores. (ATULUUSHI SUMAA SALIUU) Un lienzo satinado llamado AICHEE (guayuco). Una bolsita rojinegra terminada en borla unicolor para usarla como bolsillo en la parte lateral del muslo (WOLU). Un pañolón, un gorro a manera de bonete con topes de MOLONO. Un TOLOOMA profuso.
Así tejió la doncella toda la indumentaria de IRUNUU sin que sus espías, las malvadas se dieran cuenta.
Al llegar la madrugada, colocó sus tejidos donde siempre y volvió a tomar su apariencia de niña fea.
A la mañana siguiente, cuando las mujeres despertaron de su profundo sueño, no podían contener su asombro ante las maravillas que veían. No sabían si estaban soñando todavía, o aquella obra de encantamiento era una tentación maligna. Pero lo cierto fue que aceptaron con beneplácito aquellas prendas de vestir.
Ellas decían:
-No podemos saber cómo pudo ocurrir todo esto sin darnos cuenta. Todo fue culpa del sueño que nubló nuestros ojos Pero no importa, la próxima noche volveremos a velar para descubrir el misterio. Siempre diremos a nuestro hermano que todas estas prendas las tejimos para él, y se llenará de gozo.
Examinaban las piezas, mientras iban relatando los sueños desconcertantes que habían tenido.
-Soñé que había ido a JEPIRA, caminando sobre una vara tendida a través del mar agitado. Cuando llegué, los espíritus reconocieron en mi olor que yo había profanado sus dominios sin antes haber pasado por la muerte; luego me encerraron en una cueva para que no envenenara con mi hedor los antros del JEPIRA.
La otra dijo:
-Soné que estaba en medio de un rebaño de animales flacos que pastaban su miseria sobre un campo yermo. Luego sentí sed, y para no morir bebí la sangre de aquellos animales.
-Yo,  -dijo la tercera- volaba en las tinieblas cuando una luz me encegueció los ojos.
-¿Qué significa nuestros sueños?
-Prosperidad!   Larga vida!   –Prorrumpieron ellas
Prontamente hicieron levantar a WOKOLOONAT para que fuera a bañarse en los pozones antes que llegara IRUNUU.
Otro motivo para sus juegos inocentes fue el agua de las lluvias retenida en los caminos encharcada en los pozones.
WOKOLOONAT, con cualquier cosa se entretenía.
Las charcas, las aguas empozadas también le brindaban otro mundo de constante diversión: colémbolos, gusarapos, libélulas, renacuajos, etc.
La extensión de arriba se reflejaba en  fondo de las aguas como un abismo azulado; como un pedazo de cielo en el fondo de un espejo.
El contorno de las nubes y los arbolitos de la orilla miraban su silueta en aquel espejo de linfas cristalinas.
Para WOKOLOONAT no había más realidad que las fantasías que se dibujaban a sus ojos.
Apostada en la orilla no atrevía a mirarse en el agua, por temor a caer en aquel abismo sin fondo que tenia ante sus ojos a pesar que la hondura de aquel charco no pasaba del tobillo.
Comenzó a lanzar piedrecitas para romper la tranquila superficie y extasiarse en la contemplación de sus ondas circulares, que después de agrandarse más y más volvían a morir en el reposo.
Así distraída, la encontró IRUNUU.
-¿Qué hacéis aquí mi niñita cara sucia? ¿Por qué habéis venido a jugar tan lejos de nuestra casa?
La niña no respondió. Sólo inclinó su cabecita y comenzó a jugar con las hierbas así como juegan los insectos con las briznas.
Seguidamente la bañó, y limpia la llevó consigo de regreso al rancho.
Llegado que hubo fue recibido por sus tres hermanas.
Al verlo se pusieron muy contentas y dijeron:
-He aquí la nueva indumentaria que tejimos para vos, hermano son trajes que merece lucir un hombre rico. He aquí vuestra manta color de añil, la cobija, la ruana, el SHE’E, el AICHEE, el cinturón, el bonete, el TOLOOMA y demás cosas. Sois el hombre más afortunado de cuantos hay; por tener hermanas laboriosas. Ninguna mujer hará lo que nosotras hacemos para vos, IRUNUU aceptó complacido aquellos regalos sorprendentes, después de un titubeo en la cual creyó que aún estaba soñando. Pero todo pasó cuando se midió los trajes que lo hacían el más imponente de los hombres.
Agradeció a sus hermanas los regalos, pero no del todo convencido. Esta vez no tuvo para ellas palabras de gratificación; porque la duda se le interpuso con todo su influjo de interrogantes.
No podía comprender que sus hermanas en tan poco tiempo pudiesen aprender un arte tan difícil y desconocido. Además, ellas eran despreocupadas e indolentes por naturaleza.
IRUNUU sospechaba de sus hermanas porque las conocía a fondo. Siendo ellas torpes, sin aptitudes para nada, mal podrían presentarse de la noche a la mañana como excelentes tejedoras.
-¿Cómo pueden mis hermanas hacer un tejido sin HUSO, sin telar, sin algodón, sin hilos y sin agujas? No ven en este rancho instrumentos de tejer.
-¿Como pueden trabajar de noche sin que el sueño las agote?
-¿Cómo pueden tejer sin lumbre, sin claridad de luna? ¿Cómo pueden saber un arte sin norma, sin principio ni destreza? No comprendo, mis hermanas; o son un prodigio, o unas impostoras que pretenden engañarme. Esta tarde no iré a mi acostumbrada cacería. Simularé mi partida, y me esconderé en el monte hasta que llegue la noche. Tengo que saber cuál es el misterio que las anima, cual es el afán que las impulsa.
Así decía IRUNUU mientras se mecía en un chinchorro con sus pensamientos.
Entre tanto cada una de las mujeres cavilaba para dar con el secreto de los tejidos que supuestamente habían elaborado.
Pensaron en lo más descabellado, en lo más absurdo, en lo más inverosímil.
-Tengo un plan que no falla –dijo una.
-Esta noche me acostaré con un brazo tendido fuera del chinchorro, ataré de mi muñeca una piedra que sostendré en la mano y tan pronto empiece a dormitar la piedra caerá y enseguida despertaré.
-Buena idea –respondieron las otras.
La otra dijo:
-Mi plan es el siguiente: Yo me acostaré con el talón izquierdo puesto sobre el dedo gordo de mi pie derecho; tan pronto sienta venir el sueño, mi pie izquierdo caerá, y yo sobresaltada despertaré en el acto.
-Perfecta idea –respondieron sus hermanas.
La tercera dijo:
-Yo estaré sentada todo el tiempo. Ataré mis cabellos con un cordel desde una vara de la enramada; tan pronto empiece a cabecear despertaré con el brusco jalonazo que me dé.
-Es perfecto el plan –respondieron todas.
Aquel día tuvieron una visita pasajera en la persona de UYAALIWA, el PIACHI más famoso de aquel tiempo.
UYAALIWA era un anciano que tenía los ojos tan chiquitos que parecían dos pulguitas; por esta razón siempre andaba cabizbajo. Y tal vez, avergonzado de su defecto no miraba de frente para no mostrar sus ojitos de pulga; pero aun con todo eso, era bastante escrupuloso y no permitía que nadie se burlara de él, ya que se creía de buena catadura.
UYAALIWA, llamado también OUTSHI, que significa curandero, era un personaje de cuyo cuerpo emanaba un efluvio penetrante y encantador perfume. Ese olor le provenía porque gustaba alimentarse con las flores más fragantes, las hojas tiernas y la miel silvestre.
Cuando el anciano llegó, conversó con IRUNÚU de todo cuanto había visto y oído en su camino.
Conversaron sobre LAS COSAS QUE SE DICEN, el ciclo de las lluvias, el curso de la luna, la trayectoria de las constelaciones, el hambre, la cacería y todos los temas que pueda caber en la vida de un anciano.
A medida que hablaba, el viejo sacaba de su morral un puñado de flores perfumadas, se las echaba en la boca y las comía con deleite.
Entonces IRUNUU, movido por la curiosidad ante aquella rara costumbre que veía, le preguntó al anciano:
-¿Por qué coméis flores, abuelo?
-Es mi comida predilecta, hijo mío. Acostumbro comerlas cuando hago largas jornadas para espantar el sueño y la fatiga. Estas flores no dan sueño a quien las coma, y como ahora vengo de lejos y voy hacía muy lejos, las llevo en mi morral como una provisión.
Esa fue la respuesta del anciano a la indiscreta pregunta de IRUNUU, quien no volvió a insistir en el asunto. Pero sus hermanas que estaban escuchando la conversación, pidieron un poco de flores al anciano para probar sus efectos. Más él no se hizo rogar y a cada una le dio un puñado de flores, que guardaron cuidadosamente para el plan que tenían preparado.
Caída la tarde, el anciano se despidió y continuó su marcha.
IRUNUU entonces, llamó a sus hermanas y les dijo:
-Hermanas voy a retirarme lejos esta noche. Los consejos de ese anciano que visteis son acertadísimos. Ha dicho que la primavera va de paso y se aproxima el estío. Si es así, los animales se han ido espantados presintiendo la sequía; ya los montes se niegan a darnos de comer, por eso tengo que remontarme hasta donde esté lloviendo; para ver si consigo lo necesario para comer. Entretanto continuad vosotras dedicadas al tejido y a la recolección de los frutos. Es tiempo que saquéis provecho de vuestro arte. Yo volveré dentro de dos días.
Y continuó diciendo:
-No olvidéis los cuidados que merecen a WOKOLOONAT; cuidadla, que cuando sea grande estará a nuestro lado cuidándonos también. Queredla, no trateís con severidad. El corazón de los niños es frágil como la policromía de las mariposas. Ellos merecen amor y ternura. Si eso les falta, sus corazones se marchitan y sus ojos se llenan de lágrimas. Las lágrimas producen amargura, y las amarguras dolor; el dolor engendra odio y remordimiento para quienes no supieron cuidar su infancia.
Esto dijo IRUNUU a sus hermanas, fingiendo ir más allá de los sitios que siempre frecuentaba.
Cuando IRUNUU se marchó, sus tres hermanas se mofaron de sus palabras, remedaron su gesto y su voz, se desternillaron  de risas y. . . . . . .
-Lo que nuestro hermano espera de esa cara de boñiga, es que sea señorita para hacerla su mujer. No es otra cosa las caricias que le da y las ternezas que le prodiga. Ahora quiere se la cuidemos. Sin duda; nuestro hermano está loco.
Mientras esto decían, las insolentes mujeres ponían sus traseras en la cara de la niña, para hacerla oler sus cuescos.
-Cuando seáis señorita, esto le daréis a vuestro hermano, un cuesco en sus narices para que se asfixie, mientras vos te vais de alboroto con otros machos.
Tales fueron las palabras insultantes que le endilgaron a WOKOLOONAT antes que llegara la noche.
La luna chiquitica, sin brillo todavía apareció en la tarde, y poco a poco tras una sonrisa se ocultó en la noche. La noche no la hicieron enteramente callada como el silencio de las tumbas.
Se crearon los insectos, las aves y demás animales para que amenizaran con sus voces la quietud de las sombras.
WOKOLOONAT, también formaba parte de esa maravilla nocturnal.
Aquella noche hicieron que la niña boba se acostara temprano, la  “cara de boñiga” como le decían las perversas mujeres.
Ellas por su parte, colgaron afuera los chinchorros y se acostaron bajo la enramada.
La mayor de ellas, dijo entonces:
-Es mejor desistir de nuestros planes anteriores, y valernos de las flores que nos regaló el viejo UYAALIWA. Esas flores tienen la virtud del insomnio, y con ello permaneceremos despiertas toda la noche. Esta vez, el misterio de los tejidos no escapará a nuestra vista.
-Así es.  –Afirmaron las otras.
Seguidamente sacaron las flores que habían guardado; pero   aquellas flores eran tan olorosas, tan ricamente perfumadas, que antes de comerlas  quisieron saciarse de su aroma oliéndolas un rato. Aquel perfume embriagador les produjo una sed insaciablemente deliciosa. Se sintieron como transportadas. La fragancia sutil que despedían, las envolvió en un extraño éxtasis, en una dulce sensación de placer que no podían contener. Sintieron la fruición de su ardiente naturaleza en todo el cuerpo; estaban como hechizadas de voluptuosidad; se reían, se pellizcaban y se acariciaban ansiosas.
Sus deseos largamente dormidos en la fría inhibición, despertaron de un sueño; y creyéndose cada una un hombre frente a una mujer, comenzaron abrazarse, besarse y acariciarse impúdicamente.
Aquellas flores no eran realmente odoríferas, sino hediondas adormideras cuya esencia afrodisiaca hacían cometer los más feos actos de lujuria.
El zumo de aquellas flores, les pareció más dulce que el almíbar. Y. . . .cuando las hubieron devorado les sobrevino una especie de locura desenfrenada, que las ensañó contra si mismas. Se retorcieron furiosas y se mordieron como serpientes venenosas. . . Y. . . Así se fueron aletargando hasta que ya exhaustas y borrachas cayeron en un profundo sueño.
La noche se hacía cada vez más densa y más pesada.
IRUNUU había escuchado desordenadas voces desde su escondite, había oído confusas algazaras, pero no se imaginaba que pudieran ser sus hermanas en tremenda borrachera.
Al fin se llegó hasta ellas y las encontró dormidas. Roncando, como si hubieran estado en libaciones. Nada sospechó IRUNUU sobre el caso, creyó simplemente que dormían como de costumbre.
Luego se sentó en un tronco, satisfecho de haber comprobado que sus hermanas no hacían más que dormir en vez de tejer.
De pronto, un tenue resplandor se vio en el rancho donde dormía WOKOLOONAT, algo así como una luz opacamente desleída entre las sombras. IRUNUU se estremeció al momento y sintió miedo en su corazón. Mas, para un cazador acostumbrado a los peligros aquello era muy poco.
Tomó su cuchillo y, lentamente en puntilla de pies se acercó hasta el aposento de WOKOLOONAT. Tal calma presagiaba una tormenta; solamente los grillos taladraban la noche con su larga chilladera, el cielo borrascoso y sin estrellas hacían más tétrico el ambiente. Al fin se acercó. . . Miró por una hendija, pero el interior del rancho estaba como el plumaje de los zamuros negro como el tizne de los calderos. IRUNUU sudaba frío, porque temía enfrentarse a un WANULUU. El más leve movimiento le asaltaba, el martirio de la incertidumbre lo mantenía en suspenso.
Después de un rato breve, sintió un suspiro como de alguien que despierta y se incorpora. Pensó que fuese WOKOLOONAT. Pero. . . ¿A qué podía levantarse a esa hora?
Poco a poco del fondo de las sombras fue emergiendo una figura blanquecina como la de un fantasma. Aquella figura vaporosa fue iluminando el recinto hasta que todo quedó completamente claro.
Cuál no sería la sorpresa de IRUNUU al ver a WOKOLOONAT transformada en una doncella hermosísima, resplandeciente como las auroras que preceden los amaneceres.
IRUNUU se palpó la frente como queriendo despertar de un sueño. Se restregó los ojos como queriendo apartar una visión, pero todo fue en vano. Estaba frente a la maravillosa realidad de un prodigio.
La doncella miró a su alrededor como siempre lo hacía antes de tejer.
Sus ojos brillaban como dos luceros. Eran bellos, como dos paraparas encendidas sobre el fondo de una blanca nube. Su cabellera undosa caía sobre la espalda como una cascada de azabache. Sus labios purpurinos, su tez de leche y sus vestiduras blancas le daban un aspecto imponente.
Por fin, después de lanzar su escrutadora mirada, escupió en sus manos, y de aquella saliva hizo innumerables ovillos de seda con las que tejió una hamaca (JAMA´A), un chaleco (SUPÜNA), una mochila profusamente dibujada (SUSÜ), un pañolón  (EKIALAJAA), un amplio manto la (SHE´I), un pellón de caballería.
Así tejió la doncella con hábil maestría los más hermosos encajes, los más finos bordados, los más preciosos caireles, los más variados tejidos hasta entonces desconocidos por los WAYUU.
Ella sabía que IRUNUU la estaba acechando; aunque él se creyese muy oculto a su mirada.
Luego sucedió lo inesperado: Una dulce voz acarició su corazón.
-IRUNUU, amado mío. ¿Por qué estáis escondido mirándome por la hendija, atisbando los secretos de mi intimidad? Venid! Entrad. . . quiero mostraros el misterio que encierra mi existencia.
IRUNUU, entró en el aposento.
Después de un silencio breve, La Majayura dijo:
-Ya no soy, WOKOLOONAT sino WALEKER, la hija de la noche y la soledad. Participo de mi doble naturaleza para enseñar en vuestro orden el arte de mis predecesoras aquellas que tejieron para los genios: ATIA, MAAWÜI, KANASPI, SESE.
Los WAYUU no saben tejer, y yo he venido a enseñarlos. Creí que vuestras hermanas pudiesen aprender mi arte; pero no han querido porque son soberbias, indolentes y perversas. Antes creí encontrar en vuestro hogar la paz y la armonía; pero sólo encontré odio, maldad y sufrimiento. Hubiera preferido huir sin heredar mi arte si no me hubiese prendido de vuestra bondad.
Fuera la eterna niña, columpiando en el ramaje de los arboles al amparo de mi madre, si el destino no me hubiese puesto en el camino de vuestra suerte. Ambos nos compadecimos aquella vez; me distéis vuestra bondad y vuestro cuidado, y yo os di mi gratitud. Fui la hija que en los brazos del padre llegó al hogar de las hermanas torpes que tuvieron miedo de mi fealdad.
A IRUNUU se le extravió la voz en la garganta, y no supo responder. Ardía su corazón ante aquel reproche, sintió remordimiento sin ser culpable.
Ahora se percataba de la conducta de sus hermanas y sentía vergüenza de sí mismo. Pero ante aquella beldad nada podía ser duradero. Seguidamente renació el amor, un amor distinto al que le brindaba siendo WOKOLOONAT. Ahora sentía por aquella doncella un deseo de posesión que lo turbaba. Quiso tocar a la muchacha y suplicarle que no cambiara de forma, que no volviera a su estado de niña repugnante; que fuera eternamente bella, eternamente joven. Pero ella lo esquivó y no quiso que la tocara.
-Aguardad, IRUNUU, que faltan nuevas sorpresas todavía. Ahora quiero que os retiréis de mi presencia, porque ya se acerca la madrugada y no quiero que vuestras hermanas nos sorprendan conversando.  Pero. . . antes quiero una cosa: no reveléis a nadie el secreto de mi vida, ni mencionéis mi nombre, ni habléis de las maravillas que habéis visto; si lo hacéis, me perderéis para siempre. En cambio, si acatáis fielmente mis consejos tendréis la recompensa: Seré tuya.  –Así dijo la gentil doncella.
Y continuó:
-Cuidaos de aquel chinchorro acogedor que hice para vos, usadlo solamente para dormir en la noche; pero no permanezcáis en él durante mucho tiempo., porque os volveréis vivioso, corrompido y holgazán. Tened en cuenta que el chinchorro es el mejor amigo de la ociosidad y el peor enemigo del trabajo.
Os repito, cuidaos de la menor indiscreción.
IRUNUU se fue pensativo y maravillado. La imagen de la doncella lo atormentaba. Al día siguiente, las malvadas mujeres se levantaron desvanecidas y aporreadas. No encontraron asidero a sus torpes movimientos.
-¿Qué nos pasó anoche?,  -Preguntaron.
-¿Por qué tenemos el aliento fétido y aguardentoso?
-La culpa fue del vejete que nos engañó con sus flores malolientes. Ahora nos hiede la boca a orines de mapurite.
Cuando el sol comenzó a calentar venía IRUNUU con varias piezas de cacería, y sus hermanas, llenas de efusión salieron a recibirlo; pero no le hablaron de cerca por temor a la hedentina de sus bocas.
IRUNUU recordaba la visión que había tenido aquella noche. La tristeza lo embargaba porque estaba enamorado de una beldad insospechada. Su semblante decaía y sus facciones se mostraban ásperas.
Una de las hermanas al verlo tan afligido se le acercó entonces:
-¿A qué esa palidez, hermano mío? ¿Estáis enfermos acaso?
-No, hermana. Tengo un veneno en el corazón. Creo que WANULUU me hirió anoche con su flecha, y hoy me hace padecer grandes dolores. Una extraña visión me ensombrece el alma.
-Llamaremos al OUTSHI para que adivine vuestros males,
-Replicó la hermana.
Entonces IRUNUU con un gesto de repugnancia, preguntó a la hermana:
-Por qué tenéis aliento insoportable? Un hedor de mortecina y excremento despide vuestra boca cuando habláis. Apartaos de mí, vuestro cuerpo hiede a sudor quemado. Habéis tomado aguardiente.
A poco llegaron las otras, con los presentes que supuestamente habían tejido aquella noche.
IRUNUU al verlas se le inyectaron los ojos de indignación, y se tapó las narices para no percibir el olor de sus hermanas.
-Impostoras! Todavía os parece poco vuestras mentiras, haciéndome creer que estáis tocadas por un prodigio. Anoche descubrí toda vuestra falsedad. Largaos! De aquí, estáis hediondas a chinche.
Las mujeres corrieron a bañarse y enjuagarse la boca; pero jamás se les quitó el hedor.
En aquellos momentos una comitiva de varios hombres, llegaron a su rancho. Venían de muy lejos a dar la infausta noticia de la muerte de un personaje famoso de aquellos tiempos.
-Amigo IRUNUU, -Dijeron los recién llegados- venimos a invitaros para que nos acompañéis en nuestro duelo. Ayer murió nuestro amado padre, y las exequias tendrán lugar durante dos noches consecutivas. Vamos a rendir el último tributo a nuestro deudo, por eso hemos venido a vos.
IRUNUU, no se hizo esperar; tan pronto aceptó la invitación se caló sus mejores trajes.
Aquella vestimenta deslumbró a sus amigos, quienes jamás habían visto tanta maravilla en el cuerpo de un personaje. Sus amigos estaban embelesados ante aquel vestuario esplendoroso.
IRUNUU tomó su ruana, su manta, su faja, su cobija, su chinchorro, su tolooma  y sin decir nada partió con sus amigos.
Se había olvidado de WOKOLOONAT, ahora pensaba en la doncella WALEKER como si en aquel momento ambas fuesen de distinta naturaleza.
Sus hermanas no pudieron curarse del mal aliento y del sudor a chinche que transpiraban.
Y decían ellas:
-Es raro que nuestro hermano se haya olvidado de su Cara de Boñiga; la obcecación lo tiene maltrecho y una rara enfermedad lo agobia. No le perdonaremos el insulto que nos dio. Se cree tan necesario que sin él, no podremos subsistir; pero se equivoca, lo venceremos.
En efecto, aquellas diabólicas mujeres pensaron envenenar a su hermano y después huir.
En cuanto a WOKOLOONAT, pensaron enterrarla viva para que los bachacos la devoraran. Pero esa noche tenían que descubrir el enigma de los tejidos.
Maquinando planes, encontraron por fin, la idea definitiva y contundente.
Una de las más astutas, dijo entonces:
-Se me ocurre un plan que no fallará. Esta noche contrataremos los servicios de la vieja TOOL. La que todo lo ve, la que siempre vela. TOOL no sabe dormir  porque su oficio es desmontar algodón durante la noche.
Aquella tarde las mujeres fueron donde la anciana, y le dijeron:
-Hemos venido para que nos acompañéis esta noche. Nuestro hermano se halla ausente y tenemos miedo de dormir solas.
Estas noches algo extraño ronda nuestra casa y tenemos que sean los YOLUJAA. Llevad consigo vuestro Huso y todo el algodón que podáis hilar; agradeceremos altamente vuestra compañía, abuelita.
La vieja se fue con ellas.
Y cuando legaron, dijeron a ésta:
-Abuela, si esta noche cuando ya estemos dormidas alguien llega a nuestro lado, despertadnos prontamente, que grandes recompensas os daremos por tal servicio.
La vieja desde temprano se puso a desmontar y hacer madejas de algodón. Cuando llegó la hora crepuscular, improvisó un canto lastimero y monótono, contenta porque ya la noche se acercaba.
A media noche, WOKOLOONAT, convertida en señorita comenzó su acostumbrada tarea. Cuando ya estaba en pleno trabajo, la bella sintió en su cuerpo un cosquilleo que la enfadaba, como si alguien la estuviera observando.
Efectivamente, la vieja se acercó, y cuando trató de mirar en el interior del rancho, sus ojos se abrieron desmesuradamente de asombro, al ver aquella doncella bañada de luz y de hermosura.
Rápidamente de varios sacudiones despertó a las mujeres que dormían para que vieran aquel espectáculo impresionante.
Las mujeres se levantaron sobresaltadas y corrieron con la vieja hasta el aposento de WOKOLOONAT.
La vieja TOOL, trató de cerrar sus ojos desorbitados, pero no pudo; trató de pestañar pero no tenía párpados ni pestañas.
Desesperada huyó del lugar gritando TO´U!  TO´U!  TO´U! 
.!! MIS OJOS! MIS OJOS!
A medida que corría agitaba sus brazos como queriendo volar en la oscuridad de la noche. Se llenó de plumas el cuerpo, las uñas se le volvieron garras y su rostro quedó deformado. Desde entonces la vieja quedó transformada en lechuza y condenada a rondar las noches. El canto de la lechuza es el grito de la vieja lamentando sus ojos.
Poco a poco sus apariencias fueron cambiando y adquiriendo horripilante forma. Sus voces estridentes se volvieron chillidos imperceptibles, sus mantas fueron tomando formas de membranas que les cubrieron el cuerpo, y en aquel instante quedaron transformadas en murciélagos asquerosos que revoleteaban en la oscuridad.
De esta manera quedaron castigadas las hermanas de IRUNÚU. Colgadas del techo, balanceándose de cabeza y con su olor característico.
No había sido otra cosa el sueño que habían tenido; habitarían en los sitios más lúgubres de JEPIRA, vivirán en las cuevas más hediondas, se alimentarán de sangre como sus parientes los vampiros y estarían condenadas a vivir colgadas de sus pies en medio de la oscuridad.
Entre tanto, IRUNUU, creía realmente que había llegado al velorio del amigo muerto; pero estaba en la MANSION DE LOS ESPIRITUS (SUUMAIN YOLUJAA).
Aquellos personajes a quien el creía sus amigos, no eran más que sirvientes de WANULUU, que habían adoptado la forma humana para engañarlo.
Las muchachas hermosas lo aclamaban, los hombres famosos lo admiraban como el más valiente cazador de entonces.
Allí estaban presentes todas las enfermedades y las pestes que ceñudas lo miraban.
IRUNÚU había perdido la noción de las cosas, los espíritus le habían anulado el entendimiento y le habían insuflado sus venenos.
Un hombre de distinguido porte, le preguntó:
-¿Quién hizo vuestras vestiduras de tan ricos ornamentos, muchacho?
-Una bellísima doncella, de nombre WALEKER, que de noche las teje, -respondió IRUNUU.
Luego vino otro personaje y le preguntó:
- IRUNUU, valiente cazador de las noches. Habéis acabado con todos los animales que habitan mis extensas posesiones: los bosques, los ríos, las montañas, las llanuras. Ahora deseo que a cambio de todo eso me deis a vuestra prometida para hacerla mi mujer. Quiero tener esos trajes maravillosos que sólo ella sabe hacer. Decidme; ¿Dónde la puedo encontrar, para buscarla de inmediato?
-En mi casa, al cabo de tres noches, -respondió IRUNUU.
-Está bien, muchacho,   -respondió WANULUU.
-Dentro de tres noches iré por ella.
La mañana se acercaba, y los espíritus volvieron a sus tumbas. Cuando IRUNUU venía ya de vuelta de los antros pesarosos recobró el sentido.
Apenas si recordaba sus palabras de aquella tremenda pesadilla.
Al llegar a su rancho llamó a sus hermanas; pero no estaban. Sólo vio murciélagos que revoloteaban sobre su cabeza.
-Tengo hambre, dónde estarán mis hermanas.
Cuando entró al rancho, vio tres enormes murciélagos que colgaban del techo; pero jamás se imaginó que pudieran ser sus hermanas.
Cansado de esperar se acostó y durmió profundamente hasta la media noche.
WALEKER se puso a tejer a su lado como todas las noches lo hacía.
Cuál no sería la sorpresa de IRUNUU al despertar junto a su bella amada, que tejía incansablemente todas las cosas que sabía.
IRUNÚU contempló el cuerpo bellamente desnudo de la joven a través de sus claras vestiduras. Un deseo voluptuoso le hizo estremecer el cuerpo.
-Conozco vuestra intención; no brindo mi pureza al capricho de lo falso y de lo impuro. Jamás podréis disfrutar de mi eterna juventud, como tampoco soportareis la eterna falsedad de mi niñez.
El, respondió entonces:
-Hermosa. ¿Por qué habéis envenenado mi corazón con vuestra falsa apariencia haciéndome ver encantos que no puedo disfrutar?
-Callad!. No he demostrado mis encantos para tentar vuestra virilidad. Vine a enseñar el arte de tejer a quienes no lo saben. Quise sacrificar mis noches para enseñar a vuestras hermanas; pero las malvadas sólo me hacían sufrir en vuestra ausencia.
Sus palabras y sus tratos me endurecieron el alma.
Y continuó:
-Tejí para vos todos los ornamentos de que os preciáis ahora; pero vos no cumplisteis vuestra palabra de guardar el secreto de mi vida; os lo habéis revelado a los malos Espíritus que habitan en JEPIRA. Os digo: vos estáis tocado por los Malos Espíritus y habéis hecho un pacto con ellos para entregarme dentro de dos noches. Pero desde ahora me perderéis para siempre, así como habéis perdido a vuestras hermanas. Que por su maldad han sido convertidas en murciélagos.
-Aguardad, hermosa. Os suplico perdonéis mis imprudencias, no lo hice en mi completo juicio., fue el veneno de los demonios lo que hizo sucumbir mi promesa.
WALEKER lloró porque sentía afecto hacia aquel joven que tanto amaba.
IRUNUU la acarició con sus ojos y el fuego del amor le quemó. Más, ella le dijo:
- IRUNUU, tengo miedo de vuestras intenciones, soltadme, ved que la mañana se aproxima y después el día nos sorprende.
-No, yo quiero la promesa de vuestro amor, aceptad mis requerimientos.. .  
Pero WALEKER, de un brusco movimiento se zafó de las manos de IRUNUU y de un salto corrió hacia afuera.
IRUNUU la persiguió.
La noche agonizaba tras la augusta claridad del alba que preceden las mañanas.
-Hermosa, doncella mía: Venid!
Pero WALEKER iba tendida huyendo a través de la lejanía como un blanco crespón de nubes caída sobre la llanura.
Lloraba desesperada. . .  IRUNUU iba tras ella gritando: Amada mía. . .!! Esperadme!!
Escuchad mis súplicas.
La fuga era desesperante, ella tenía miedo de aquel hombre bondadoso que la había amado como jamás se ama.
Cada vez, las voces de IRUNUU se hacían más débiles y más apagadas. Lloraba inconsolablemente. Sus lágrimas enceguecieron sus ojos.
-Hija mía!!! Hija mía!!!
La muchacha, confusa, jadeante y llena de temor se internó en el monte.
IRUNUU, tras ella casi desfallecía. De pronto la vio que trepaba sobre un árbol. Y sin perder tiempo subió tras ella.
La doncella hermosa como la flor de las tunas, subía y subía desesperadamente.
IRUNUU, le gritó: -Cuidado, hija mía! No subáis más, detened vuestro ascenso, las débiles ramas del follaje no podrán sostener vuestro peso. . . Aguardad, os vais a caer. . .!!!
La doncella no hacía caso, subía cada vez más, huyendo de su perseguidor.
El joven entonces, haciendo un supremo esfuerzo, logró asirla por el manto, pero tan pronto agarró sus vestiduras, la delgada rama en que posaba se quebró y la doncella cayó al suelo tras un grito desgarrador que estremeció los montes.
Un jirón de telaraña quedó en las manos de IRUNÚU.
La bella WALEKER se convirtió en araña y se perdió en el monte, sin que IRUNUU jamás la volviese a ver.
La primavera lloró aquella mañana su triste despedida.
IRUNUU había quedado solo. Aquella pesadilla había dejado en su alma los escombros de un amor y las huellas lacerantes del dolor.
Cuando retornó a su rancho, guardó cuidadosamente todos los tejidos y los envió a una famosa KULAMI´A para que ésta los imitara y lo enseñara a las mujeres de buen juicio.
Desde entonces los wayuu conocieron el arte de tejer; maravilloso legado de  WALEKER, que en nuestro idioma significa araña.
IRUNUU, triste y desolado por su suerte se retiró a los montes, y murió de tristeza en el mismo sitio donde encontró a WOKOLOONAT por primera vez.
Dicen los ancianos, que al morir, su corazón se convirtió en estrella y se estampó en el cielo. De donde siempre cae anunciando malos presagios.
Por tal motivo, cuando un wayuu ve una estrella fugaz, no puede señalarla, ni sorprenderse; porque es la exhalación de IRUNUU, el joven cuya vida estuvo llena de sorpresas y fue un desgraciado que nació, cuando una estrella se desprendió del cielo.
Versión suministrada por:
JOSEFINA GONZALEZ IPUANA.
Natural de Jarara. Guajira Central.
Escribió: JUAN RAMON PAZ IIPUANA
GLOSARIO
ISASHII: lugar solitario y siniestro. Monte intrincado. Sitio extraviado donde se extravían los caminantes. Tierra baja, seca y cálida con abundante vegetación

WANÜLÜ’Ü: Espíritu maligno

WOKOLOONAT: Nombre típico en Wayuunaiki, lengua de los wayuu

PULOÜI: Lugar inaccesible a las personas, sitio donde las cosas desaparecen. Sitio donde se cree que habitan los malos espíritus. Hay tres tipos de puloüi 1) el banco fragor del trueno cuando este se aleja más y más. 2) Los que gritan en forma espeluznante para extraviar y enloquecer a los caminantes. 3) Los aullidos del viento al zumbar en la cumbre de los cerros para envolver el alma de las personas. Los puloüi también se identifican como la morada de wanüluu.
KALAIRA: Tigre
IRUNUU: Estrella fugaz
JAPUKIITU’U: Muñequera brazalete de cuero para la cacería, se adorna con pequeñas borlas multicolores y se amarra mediante cordoncillos tejidos.
KANASPI: Planta silvestre de flores rojas y trenzadas a manera de tejido. Es el símbolo del tejido.
IITA: Totuma. Todo tipo de envases hechos del fruto del totumo y el táparo. También se le llama Aliita.
MAJAYUT, MAJAYULÜ: Doncella
ATIA: También se llama AÁNIA. Es una paleta de madera, aguda en los extremos que sirve para empujar el hilo en el telar
KA’I: Sol
WA´AMAYA: Guacamaya o papagayo, ave de vistosos colores.
WANE’ETUUNAI: Duende, destripador de niños.
MANIIA: Pasta de tabaco para mascar
YOLUJAA: Espíritu de los muertos. Alma en pena.
WALEKER: Personaje mítico, diosa de los tejidos, inspirada en la araña.
AANALAA: Sábana
SHE’E: Traje típico del hombre wayuu
KANASÜ: Figuras y motivos geométricos de vistosos colores en los tejidos.
SI’IRA: Fajas tejidas y decoradas, hermosas por sus colores
AICHEE: guayuco
WOLU: Pequeña bolsa que cuelga de la faja del hombre, se lleva en la parte lateral del muslo para guardar menudencias.
Accesorio del cinturón terminado en una borla, puede ser de lana o de hilaza, bicolor o unicolor.
MOLONO: Gorro tejido a manera de bonete que usan las piaches en sus ceremonias. Es un símbolo de autoridad.
TOLOOMA: Especie de gorro multicolor seccionado en flecos de lana. Va provisto de cascabeles. Se, se usa en las fiestas y carreras de caballos. Antiguamente la usaban las personas importantes.
JEPIRA: En la mitología wayuu, es el lugar donde moran las almas de los muertos.
UYAALIWA: Zorrillo
JAMA´A: Chinchorro paleteado
PIACHI / OUTSHI: Espiritista

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