Aqui estoy tranquila La danza de las horas llega La danza de la espera sigue. Yo soy la vida.

martes, 12 de mayo de 2015

He aqui el ejemplo del maestro de maestros:Simón Rodríguez: Con una prosa castiza, no romántica, el maestro de Bolívar propone fundar la patria criolla, y para esto se inventa un discurso que señala vicios y activa las conciencias: su discurso imagina un solo destino para la América toda, soberano, de integración racial y de autonomía social. En sus escritos, Rodríguez prefiguró una línea civilizatoria que contiene todo lo que hoy no somos; y la vigencia de “Sociedades Americanas” reside, según Antonio López Ortega, en todo lo que tiene de visión truncada

Necesidad de maestros

Un buen maestro es la principal lotería que le puede tocar a un grupo de niños o jóvenes

ANTONIO PÉREZ ESCLARÍN |  EL UNIVERSAL
martes 2 de junio de 2015  12:00 AM
Por la larga vida de alumnos que todos fuimos -y muchos siguen siendo- pasaron y siguen pasando una enorme cantidad de maestros, maestras y profesores. La mayoría de ellos se borraron de nuestras vidas sin dejar surco ni huellas. Sin duda alguna, esos docentes nos ayudaron a aprender algunas cosas, pero no marcaron nuestras vidas, no dejaron en nosotros una huella indeleble, no contribuyeron de un modo decisivo a nuestra formación. A otros los recordamos con dolor: egoístas, altaneros, irresponsables, flojos, corruptos... Su recuerdo reabre en nosotros viejas heridas: nos sentimos maltratados por ellos, les teníamos miedo, nos humillaron. Preferiríamos que no hubieran pasado por nuestras vidas: nos deseducaron.

Pero, sin duda alguna, también tuvimos la inmensa suerte de contar con algún maestro o maestra a quien recordamos con verdadero agradecimiento. Nos supimos queridos, aceptados, comprendidos; nos abrió la vida a nuevos e insospechados horizontes; nos ayudó a conocernos, a creer en nosotros, a atrevernos a remar hacia dentro con valor en el torrente de la vida. Sembró en nosotros con su palabra y con su vida, semillas de generosidad, de entusiasmo, ansias de vivir de otro modo. En breve, marcó nuestra existencia con una huella indeleble. De algún modo, aunque no hayamos vuelto a saber de él o de ella, sentimos que sigue viviendo y dando frutos en lo mejor de nosotros. Ellos sí fueron verdaderos maestros, educadores. Y no los recordamos tanto por los conocimientos que nos transmitieron, sino porque nos enseñaron a ser, nos motivaron a vivir con autenticidad, nos dieron el aliento y la ayuda para hacerlo.

Ser maestro, educador, es un privilegio y una gran responsabilidad; implica la convicción de vivir una vocación especial de formación de genuinas personas y ciudadanos responsables y solidarios; la alegría que es consecuencia de disfrutar de este privilegio, que Gabriela Mistral definió como la tarea de "crear el mundo del mañana". Tarea hermosa y apasionante, un desafío por el cual vale la pena gastar una vida.

Un buen maestro, un educador, es la principal lotería que le puede tocar a un grupo de niños o jóvenes en la vida. Él o ella pueden suponer la diferencia entre un pupitre vacío o un pupitre ocupado, entre una vida trivial o una vida con sentido, entre un delincuente o una persona entregada al servicio de los demás. Por ello, la educación no puede ser meramente un medio para ganarse la vida, sino que debe asumirse como un medio para dar vida, para defender la vida, para provocar las ganas de vivir con sentido y con proyecto.

Necesitamos maestros y maestras con vocación y tratados según la trascendencia de su misión: salarios dignos, condiciones de trabajo seguras y en ambientes propicios; una adecuada selección para acceder a los cargos; una distribución del horario que permita impartir clases pero también prepararlas, corregir evaluaciones, formarse y perfeccionarse permanentemente y también descansar. 

pesclarin@gmail.com

@pesclarin

www.antonioperezesclarin.com

La escritura unidimensional: Sociedades americanas de Simón Rodríguez

Busto de Simón Rodríguez | Foto Archivo El Nacional
Busto de Simón Rodríguez | Foto Archivo El Nacional
Con una prosa castiza, no romántica, el maestro de Bolívar propone fundar la patria criolla, y para esto se inventa un discurso que señala vicios y activa las conciencias: su discurso imagina un solo destino para la América toda, soberano, de integración racial y de autonomía social. En sus escritos, Rodríguez prefiguró una línea civilizatoria que contiene todo lo que hoy no somos; y la vigencia de “Sociedades Americanas” reside, según Antonio López Ortega, en todo lo que tiene de visión truncada

Es probable que el libro de Simón Rodríguez haya sido uno solo. Escrito y reescrito, compuesto y recompuesto (desde su propia concepción hasta su disposición gráfica), titulado y retitulado, en versión manuscrita o en otra versión lista para imprenta que pudo parar en las llamas de un incendio en Guayaquil hacia 1896, todo el empeño del gran maestro conduce a Sociedades americanas. Anunciado primeramente en un "pródromo" de 1828, publicado parcialmente en 1840 como Luces y virtudes sociales y finalmente dado a luz en 1842 (aunque siempre se sostiene que de manera incompleta) con el título que lo conocemos hoy, toda la correspondencia de Rodríguez –salpicada de penurias económicas y proyectos incompletos– no hace sino señalarlo como el libro que condensa todo su pensamiento (por no decir su vida). Rodríguez fue, en efecto, hombre de un solo libro. Libro variable –de más decir–, libro que fue configurando conforme iba cambiando su vida. La "incompletud" de su proyecto bibliográfico encierra en verdad la "incompletud" del proyecto republicano. Una imagen contradictoria de su legado –tal como él lo entrevió– hubiera sido sin duda "cerrar" la obra. La obra no podía cerrarse; quedaba más bien abierta en función de la incertidumbre de los destinos republicanos. "La América Española –repetía sin cesar– pedía dos revoluciones a un tiempo, la Pública y la Económica". Habiendo sido alcanzada la "pública" por Bolívar –recordaba–, restaba a los americanos hacer la segunda. Y en esta segunda fase pone todo su empeño creyendo a pie juntillas que sólo la educación popular forjará verdaderos ciudadanos.
Un work in progress
Se ha querido ver en la disposición gráfica de Sociedades americanas–páginas recorridas por diferentes tipos de imprentas, llaves y corchetes– una verdadera carrera de obstáculos que atenta contra la comprensión. Habrá que retomar mejor una idea de Dardo Cúneo al sostener que en Rodríguez "la disposición gráfica apela a la retención de la memoria". Su texto, en consecuencia, no es tanto para ser leído como para ser fotografiado, retenido, memorizado. Nunca como en este caso –único en el siglo XIX hispanoamericano– las ideas debían ser vistas, visualizadas. El fondo –diría hoy el maestro– pasa por la forma. Hay, sin duda, un ímpetu teatral en su discurso, una puesta en escena. Su texto es para ser leído preferiblemente en voz alta y la escritura misma es un dispositivo lleno de indicaciones –tal como las acotaciones que haría un dramaturgo. El lector sabrá dónde detenerse, dónde hacer énfasis, dónde alzar la voz y dónde bajarla, dónde concentrar sentido y dónde desconcentrarlo. Leemos hoy su universo de signos y podemos entrever al maestro frente a un pizarrón descifrándonos sus cuadros sinópticos. Escritura viva, podríamos decir, escritura que prefigura al emisor y que también nos lo resucita en cada párrafo. Rodríguez pervive a través de sus escritos fragmentarios rehaciendo su voluntad de sentido como si la escritura de su tiempo hubiera sido concebida para un lector del futuro. A decir verdad, la "incompletud" de su diseño inicial se completa después de siglo y medio ante los ojos del lector contemporáneo, lector que sí sabe de fisuras y desfases.


Es comprensible que la escritura de Rodríguez haya sido un verdaderowork in progress. Queriéndose espejo del momento ("la utopía –nos recuerda nuevamente Cúneo– se descompone en recetario"), su apariencia tenía que ser la de un discurso en formación. Nada hubiera sido más ajeno para su temple revolucionario que adoptar el canon retórico del momento. Su prosa, para hacerse inteligible, debía "explotar", quebrar un núcleo de sentido y abrirse hacia muchas direcciones. En este orden nuevo, su escritura aspira a reflejar una vanguardia que también se quiere para el momento histórico. No obstante, este aparente brotar de los sentidos -que en definitiva quiere desarticular la impronta colonial y sustituirla por la aventura republicana- esconde un sentido unívoco del destino americano. La llamada "revolución económica" de Rodríguez no buscaba otra cosa que señalarles a los americanos sus propios medios de producción. En una educación popular afianzada en las labores artesanales, donde las necesidades fueran más definidas por la propia cotidianidad y menos por preceptos librescos, y donde el énfasis fuera puesto en los "dueños del país" (esto es, indios, mestizos y cholos), radica la herramienta mayor de la renovación social. En este sentido, bajo el tamiz de la diáspora y de la concentración de sentido, la escritura de Rodríguez aspira a una sola dimensión significante: aquélla que pueda servir a la transformación de las conciencias. Escritura servil, si se quiere, escritura de la servidumbre por lo que tiene de recetario docente. Para fundar la patria criolla, Rodríguez se inventa un discurso que señala vicios y activa las conciencias. Es un discurso unidimensional en la medida en que imagina un solo destino para la América toda, un destino soberano de integración racial y de autonomía social. La civilización –parece decirnos el maestro– comienza por la escuela, por la formación de nuevos ciudadanos.
Utópico, "raro", Simón
Pocos son aún los esfuerzos que han intentado ubicar a Rodríguez en las corrientes del pensamiento hispanoamericano del siglo XIX. Es uno de nuestros mayores "raros" –a la usanza de Darío– y todo en él remite a la rareza: rareza de hábitos, rareza en su itinerario de vida, rareza de su propio discurso. Persiste en él la idea de borrarse, de no dejar rastro –como si su propia vida se justificara a través de los otros (Bolívar entre los primeros). Su vida ha podido reconstruirse a medias no tanto por los signos que él mismo dejó como por las referencias que dieron sus coetáneos (la mayoría de ellas infundadas). Esa constante de querer borrarse lo persigue hasta llevarlo a crear figuras de él mismo que ya anticipan la heteronimia contemporánea de la que han echado mano Pessoa y tantos otros: Simón Narciso en Caracas, Samuel Robinson en Baltimore, Simón Rodríguez en Bayona. Los nombres y los oficios van cambiando conforme cambian las ciudades y los entornos. Y si bien él siempre sostiene que los cambios permanentes de identidad tienen que ver con la necesidad de burlar una supuesta vigilancia española, pareciera que el designio de fondo es la variación ("nada es constante, en el mundo –nos recordaba–, sino la variación"). Variación de personas pero mantenimiento del propósito central que lo llevaba a sostener en su propio lecho de muerte, frente al cura que le tomaba confesión, que no tenía más religión que la que había jurado en el Monte Sacro con su discípulo.
La prosa castiza, que no romántica, de Sociedades americanas llega a nuestros tiempos con una tácita invitación a su desciframiento. La vigencia de este libro es enorme por lo que tiene visión truncada. Todo lo que no somos, todo lo que hemos dejado de ser, es el destino alterno que Rodríguez prefiguraba como senda de insatisfacción social. Pareciera que la opción tomada no es precisamente la de la integración racial, la de la educación de artes y oficios, la de la independencia de los medios de producción. Nuestra soberanía –diría hoy el maestro– es un ejercicio inmaduro que clama por un concepto más integral, más pleno, de nación. Hay que leer entonces su texto como el de un desterrado (que lo fue en vida, sin duda), como parte de un proyecto inconcluso, como un capítulo mayor del discurso de la derrota por el que también han deambulado tantos visionarios y poetas nuestros. La gran lección de Rodríguez es haber prefigurado una línea civilizatoria original para la gran nación hispanoamericana y calibrar la profundidad del abismo que nos puede estar separando hoy de lo que hemos podido ser. Es una lectura dolorosa pero necesaria que está implícita en todo el discurso de la época pero que en Rodríguez alcanza sus signos más extremos.
El sentido de lo público, que no de lo privado, parecía dominar el espíritu de los hombres del período post-independentista. Las vocaciones se hacían verdaderos actos de fe y el voluntariado social era la norma cotidiana. Pareciera que el interés por el semejante gobierna la escena pública y dicta todas las normas institucionales. Ese espíritu de época –una vez abolida la tensa calma del período colonial– forja los primeros signos de la nación y nos da un sentido colectivo después del "descentramiento" –(el término es de Uslar Pietri) que significó la guerra de Independencia. Rodríguez es quizás el representante que más extrema el discurso de renovación del período por creer que, históricamente, el momento era único, crucial. En un período de formación de nacionalidades, Sociedades americanas debe verse como uno de los espejos más altos de un recorrido posible. La fuerza de su concepción es utópica, sin duda, pero no por ello menos alcanzable a la luz de estos tiempos en los que ningún mesianismo sabrá suplantar un designio que sólo puede ser colectivo.

Un niño expósito
El régimen colonial venezolano preservaba las últimas supervivencias de la "limpieza de sangre" con que los Reyes Católicos pudieron expulsar a judíos y moros del suelo ibérico. Nacido en 1769 de Rosalía Rodríguez, quien se casó dos veces y enviudó, el niño Simón Narciso Jesús descubrió a temprana edad que su padre, Alejandro Carreño, era clérigo, músico y maestro de capilla de la Catedral de Caracas. El acta de bautismo del menor lo registra como "niño expósito". Todavía en 1790, en ocasión de realizarse un censo de pobladores en la parroquia de Altagracia, Simón figura como residente de la casa del clérigo Alejandro Carreño.
En qué momento el joven Simón –a diferencia de su hermano, Cayetano Carreño, reconocido músico colonial– se desprende de su apellido paterno y se reserva solo el materno, son indicios que se ignoran. Su vocación por la enseñanza es tempranera y a los veinte años ya lo vemos dirigiendo una de las tres escuelas de primeras letras que tenía Caracas. Apreciado y valorado por la comunidad caraqueña, Rodríguez sabía, no obstante, que una serie de interdictos rodeaban su condición de expósito. El más fuerte entre ellos: la imposibilidad de cursar estudios universitarios. El primer escrito que se le atribuye a Rodríguez –un informe presentado en 1794 sobre cómo mejorar la educación de primeras letras– es elevado a instancias de la Real Audiencia y, finalmente, desechado. Poco tiempo después, en 1797, abandona su país natal para nunca más volver.
La condición de expósito ha podido marcar toda la vida de Simón Rodríguez. Sentir en carne propia y desde temprana edad las limitaciones de clase, quizás explique desde los cambios de identidad hasta la más original de sus ideas. Si su origen fue consecuencia de una relación clandestina –la de una mujer viuda y su probable confesor–, su vida misma borra todos los registros de sus pasos. Si su desarrollo intelectual se vio truncado desde joven, su vocación libertaria pretendía abolir las diferencias y hacer entender que los "desclasados" eran los verdaderos ciudadanos de la República.
Lo más admirable de este caso es que la huella o el dolor de la circunstancia privada se hayan convertido en el más extremo esfuerzo de redención pública. Si, como individuo, yo soy un "borrón", solo en la esfera de lo público puedo recuperar la consideración y el amor de mis semejantes.

El doble viaje de don Simón
Por Jesús Sanoja Hernández
En uno de sus artículos ("Simón Rodríguez: El Desconocido", El Nacional 1/7/50) intentaba penetrar Uslar en la incógnita del educador peregrino, hijo expósito, amigo de sociedades secretas, socialista americano sui generis y, por si no bastara, maestro de Bolívar. Aquel desconocido se convirtió en una obsesión para Uslar.
Treinta años después Uslar, que hurgó por doquier, y puso a otros a hacerlo con igual pasión, decidió novelar la vida de aquel extraño buscador de mundos, de ideas y, en el fondo, de sí mismo. El afán heteronímico de don Simón, más que un desdoblamiento de personalidad o un ejercicio particular de la criptonimia, fue una búsqueda de su origen. Recogido y criado por el padre (cura) Carreño, acaso sospechó que siendo expósito pudo ser realmente hijo del Padre Carreño. En la niñez era o Simón Rodríguez (¿hijo de María Rodríguez?) o Simón Carreño: "Fue después cuando comprendió que su destino era el de Robinson, el del hombre solitario en la isla de naufragios".
Eso lo dice Uslar al comienzo de la Isla de Robinson, en su empeño de introducirlo a uno en el enigma existencial (origen y personalidad) de don Simón, nacido el 28 de octubre de 1769 como Simón Narciso de Jesús, algunos veces mentado Simón Narciso Rodríguez, otras Simón Carreño Rodríguez, otras Simón Rodríguez y, curiosamente, Samuel Robinson al salir de Venezuela, para retomar el Simón Rodríguez al regresar a América.
Emigró en el año de la conspiración de Gual y España, 1797, y el llegar a Jamaica adoptó el nombre de Samuel Robinson. Aquí comenzó la metáfora del viaje que sería su vida, así como su aprendizaje de lenguas extranjeras, en este caso la inglesa. La peregrinación doble y contínua, significó sucesivas mutaciones, según el país donde cayera, que fueron muchos, sin que nunca abandonara su signo y sino de educador.
A su discípulo dilecto, Simón Bolívar, lo encontró en París en 1804, y el joven, ante él y Fernando Toro, en agosto del siguiente año, juró liberar a la patria. No se volvieron a ver hasta 1824, en Cartagena de Indias, cuando ya Bolívar había cumplido su promesa y estaba en su apogeo como libertador y estadista. Juntos viajaron por Panamá, Ecuador, Perú y Bolivia. Aquí quedó por algún tiempo mientras Bolívar regresó a Perú. Ahora sí no se volverían a ver más.
Temprano le llegó la muerte a Bolívar, pero antes de llegarle el maestro persistió en su manía pedagógica y su singularísima trashumancia. La búsqueda interior que lo había llevado a trasvestirse como Robinson se correspondía con una búsqueda exterior, así como la incursión en sí mismo en excursión por dilatada geografía.
No se dio tregua en sus desplazamientos y en la elaboración del libroSociedades americanas, cuyo plan general publicó con el subtítulo dePródromo en 1828, Arequipa, y del cual hizo reedición en 1842. En su largo viaje hacia la muerte pasó un año después por Paíta, donde encontró a Manuelita Sáenz: en ella todo era nostalgia y proximidad del fin.
Seductor volumen Sociedades americanas, tanto por su abundancia de conceptos y proposiciones como por su disposición gráfica (parentética, sinóptica, con ordenación múltiple de la frase y alternación de minúsculas y mayúsculas). A tal recurso de impacto visual y novedad tipográfica lo llamó El Mercurio Peruano, 1829, “pintar a los ojos, el pensamiento”.
¿Qué solicitaba él? Solicitaba "IDEAS!... IDEAS! primero que LETRAS". En tiempos de gestación de una sociedad distinta a la europea, muy propia de la América orijinal, tal proyecto era posible. No se trataba de la Utopía del Moro. Era aquella, aunque utópica, necesarísima petición en tiempo de gestación americana.

*Publicado el 19 de julio de 1998.

domingo, 8 de marzo de 2015

Lucy Magallanes de Ortega, Primera Presidenta de la Unión Venezolana de Mujeres 1959-60



“Si nos preguntamos si necesitamos en Venezuela una unión de mujeres, si nos preguntamos si hace falta un movimiento de mujeres unitario; a esto le respondemos que si, es importante contar con la organización para consolidar un Estado que le de más oportunidades a las mujeres en Venezuela, por que todavía queda cinco por ciento de mujeres en el país en pobreza extrema, y si, por que tenemos por delante la creación de un Estado socialista que apenas empieza a emerger desde nuestro pueblo”.En este momento cabe recordar a muchas heroínas y héroes anónimos de la sociedad venezolana, luchadores por un país más libre, más humano, más justo y feliz, se les ha intentado convertir en una especie de fábula lejana, casi inalcanzable y con el pasar del tiempo, de contornos imprecisos. De esta manera despistan, distraen, viran la atención social para mantener despejado el camino hacia el enriquecimiento “grupuscular”. Pero, una vez más, este espacio se transforma en un poderoso instrumento de evocación y transmisión de todo lo que el sistema del capital se ha empeñado en diluir durante décadas por miedo a extraviar lo que tanto anhela, por temor a perder el control de los pensamientos, las acciones y los sentimientos de la gran mayoría de los seres humanos. Este espacio es la voz que no se calla, la memoria del pueblo, la oportunidad para no olvidar que es preciso retomar ciertas luchas, reavivar reflexiones, afilar pensamientos y sacudir el polvo de indiferencias y resignaciones que, tal vez, hayan cubierto nuestros códigos de ética y nuestros valores, cualquiera sea su razón.


En esta ocasión, traemos a estas páginas la vida de una mujer que, por más empeño que hayan puesto en desvanecer sus pensamientos, sus bregas, su realidad -que es la realidad de todas las mujeres-, ha sido de las pocas personas que no traicionó (a pesar de las presiones, los cambios y el tiempo) su integridad, sus ideas, sus creencias y su condición. Por eso esta mujer es leyenda, una leyenda inmediata, cerquita a todas y a todos. Porque es seguro que muchas y muchos tenemos un pedacito de ella por dentro. Entre ellas está la poetisa
Lucy Magallanes de Ortega quien en los maravillosos años 1959-60, llenos de unidad y trabajo comunitario de todos los venezolanos sin distinción de credos, raza, ideología, que juntos luchaban por una nueva Venezuela después de la dictadura perezjimenista, fue la primera Presidenta de la Unión Venezolana de Mujeres junto a Eloísa y Priscilla López, de los partidos URD y PCV, con amplio trabajo hasta en los barrios más humildes de Valencia.

Por tanto no hay nada nuevo bajo el Sol radiante de nuestro país.

Luchadora social, maestra y activista política  fue la venezolana Lucy Magallanes de Ortega y, a través de ella, de su entrega, retomemos, hoy 8 de Marzo del 2015, Día de la Mujer esos principios adormecidos, no para, necesariamente, seguirle los pasos exactos a esta increíble mujer, sino simplemente, para expresar -de cualquier modo- lo que significa dentro de cada uno de los venezolanos creer en otro mundo posible.

Valga asimismo estas breves líneas para reivindicar la inconmensurable labor de Lucy totalmente olvidada, pero también de todas aquellas mujeres que luchan y que lucharon por frenar las injusticias, los maltratos y la denigración; por el derecho de la mujer, los niños, los ancianos y los indígenas a recibir un trato digno; por el derecho a la educación; por la no-discriminación sexual y la igualdad de oportunidades dentro de todos los sistemas superestructurales; por la erradicación de los estereotipos y del lenguaje sexista, entre muchas otros propósitos.

jueves, 19 de febrero de 2015

Premios en la V Bienal de Literatura "Lucy Magallanes de Ortega" organizada y financiada por la Fundación "Roque Muñoz"(Parte IV)


La V Bienal de Literatura "Lucy Magallanes de Ortega" organizada y financiada por la Fundación "Roque Muñoz" celebró el acto de  premiación en la Casa "Paéz", el 23 de febrero del 2005.

1er Premio: A Yeliisy Petrilli Rojas de la U.E. "Colegio Santa Rosa" por su cuento: "Valencia en sus 450 años".

2º Premio: A Andrés Guerra de la U.E. "Colegio Santa Rosa" por su cuento: "Valencia y sus 450
años.

3º Premio: A Gabriel José Gómez González de la U. E "Colegio Santa Rosa" por su cuento
"Tertulia con las piedras y paredes de mi Valencia".

MENCIONES HONORÍFICAS

1.- A Vanesa Soto de la U.E, "Lisandro Ramírez" por su cuento "Valencia y sus 450 años"

2.- A Leonardo Ruiz Caraballo de la U.E. "Adolfo Blonval López" por su cuento "Valencia:
450 años de Protagonismo Histórico".

3.- A Anyely Palencia de la U.E. "Jesús Granado Cáceres" por su cuento "Yo conocí a Valencia
en vacaciones"



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Premios en la IV Bienal de Literatura "Lucy Magallanes de Ortega" organizada y financiada por la Fundación "Roque Muñoz"(Parte III)



La IV Bienal de Literatura "Lucy Magallanes de Ortega" organizada y financiada por la Fundación "Roque Muñoz"  celebró su premiación en la "Casa Páez" en el año 2003, otorgando:

1er Premio a María Eugenia Puerracer Ojeda.

2º Premio a Claudia Estefany Inciarte.

3º Premio a Enrique Ravelo López.

MENCIONES HONORIFICAS:

1.- A Eliane Martínez.

2.- A Yamel Pinto.

3.- Carlos Chriastean Ces.

4.- A Verónica Núñez.

5.- A Carla Tello.


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Premios en la III Bienal de Literatura "Lucy Magallanes de Ortega" organizada y financiada por la Fundación "Roque Muñoz"(Parte III)


La Tercera Bienal "Lucy Magalllanes de Ortega" entregó sus premios en la Casa "Páez" el 9 de diciembre del 2000.

1er. Premio: A Pedro Luis Guevara de la U.E. cursante del 6º grado en el Instituto "María Montessori",
por su cuento "Construyendo puentes": "por su creatividad, gran significación y enseñanza moral".

2º Premio: A Claudia Inciarte, estudiante del Colegio "Juan XXIII" por "La Inquietud de Sara", cuento con mensaje ambientalista que contribuye a formar consciencia ecológica.

3º Premio: A Carlos Lughio Jiménez estudiante del 8º grado del Instituto "María Montessori" por su
cuento "Eterno florecer", por su sensibilidad hacia el medio ambiente.

MENCIONES HONORIFICAS.

1.- A Vanesa Isabel Bustos Padilla de la U.E. Colegio "Sagrado Corazón" por su cuento "Las
Hadas protectoras de la naturaleza".

2.- A Angélica Carolina Parucho Hernández de la U.E. "Padre Seijas" por su cuento "Mi gran día".

3.- A Mariángela Corona Laurentín de la U:E "Luis María Acuña" por su cuento: "Crear con la
naturaleza".

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Premios en la II Bienal de Literatura "Lucy Magallanes de Ortega"organizada y financiada por la Fundación "Roque Muñoz"( (Parte III)



1er.Premio otorgado al joven Alberto Alvarez, alumno en la U.E. "María Montessori" por su cuento
"Un viaje a la tierra", por su gran imaginación y el mensaje ecológico que encierra y, la utilización de
técnicas narrativas distintas a las tradicionales.

2º Premio: para Dhamelys Cabrera Reyes de la U.E. "Colegio "Santa Rosa" por su cuento "El
tordito feo" donde se destacan: creatividad, originalidad y sentimientos de amor, bondad y
colaboración entre los seres de la naturaleza.

3º Premio: para Joanna Meilín Lee León por su cuento "Por Favor". Originalidad, lenguaje ameno,
buen uso del diálogo y por dejar una enseñanza en forma agradable.

MENCIONES HONORIFICAS:

Ante  una cantidad de trabajos de calidad, el Jurado decidió otorgar las Menciones Honoríficas
siguientes:
1.- A María Antonieta Mujica de la U.E. "María Montessori" por su cuento "El Emergente".

2.- A Rosana Jiménez Díaz de la U.E. "María Montessori" por su cuento "La tradición del valle".

3.- A Edison Durán y a Pedro González de la U.E. "Colegio "Santa Rosa" por su cuentos:
"Un niño, un árbol y un gran país".

4.- A Mariangélica Alvarez de la U.E. Colegio "San Gabriel Arcángel" `por su cuento: "Una
lección que aprender".

5.- A Gonzalo Correa de la U.E. Colegio "San Gabriel Arcángel" por su cuento "El ternerito
arrepentido".

6.- A Gabriela Villavicencio de la U.E. Colegio "San Gabriel Arcángel" por su cuento:
"La niña del Espejo Mágico".

7.- A Gabriela Sánchez de la U.E. Colegio "San gariel Arcángel" por su cuento "Deseos".

8.- A Jessica Izaguirre de la U.E. Colegio "San Gabriel Arcángel" por su cuento "Lo que ocultan
las montañas".

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Premios en la I Bienal de Literatura "Lucy Magallanes de Ortega", ideada y sostenida con gran amor y esfuerzo por la "Fundación Roque Muñoz", el 1º de marzo de 1996, con la finalidad de estimular el talento literario y el buen uso del lenguaje, manifestado en textos de narrativa corta, de los estudiantes desde sexto al noveno grado de Educación Básica. (Parte II)


PREMIOS EN LA I BIENAL DE LITERATURA"Lucy Magallanes de Ortega", ideada y sostenida con gran amor y esfuerzo por la "Fundación Roque Muñoz", otorgados en acto celebrado en la "Casa Páez"
el 3 de junio de 1996.
El jurado estuvo integrado por: Lic. Lilia Barreto de Bonnemaison, Lic. Olga Paolini de Blonval, Prof.
Elsa Magallanes de Rojas.

1er. Premio a la joven Leslie de los Angeles Querales.
Cursante del 9º grado de la Unidad Educativa "San Miguel Arcángel", por su compendio de originales
cuentos, en los que se destaca la creatividad y el uso de recursos literarios con excelente calidad.

2º Premio a las jóvenes Fabiana Lozada M. y Cristal Cardot C., cursantes del 6º grado de la U.E.
"María Montessori" por el original relato titulado "El encuentro con el libro de la Prehistoria".

3º Premio al joven Freddy Corredor, cursante del 9º grado de la U.E. "San Gabriel Arcángel" por su
cuento "Nueva y mejorada versión de Pinocho" elaborada a base de imaginación creadora.

MENCIONES HONORÍFICAS

1.- Katrina Victoria Blonval G., cursante de 6º grado de la U.E. "Los Cedros", por su original cuento
"El viejo samán".

2.- Antonieta De Conno, cursante del 7º grado de la U.E. "Sagrado Corazón" por su emotivo relato
"El joven Valerón".

3.- Victor Antonio Flores Gooden, de la U.E. "Sor Luisa Victoria" por su hermoso cuento titulado
"El Ovni".

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