Aqui estoy tranquila La danza de las horas llega La danza de la espera sigue. Yo soy la vida.

lunes, 9 de febrero de 2015

La literatura infantil contribuye al enriquecimiento de las facultades cognoscitivas del niño, que necesita mejorar permanentemente su destreza lingüística y social, como necesita desarrollar su capacidad intelectual y emocional.

Familia, escuela y literatura infantil

Víctor Montoya
Lectora con magia o maga lectora. Ilustración de Shiori Matsumoto
Lectora con magia o maga lectora. Ilustración de Shiori Matsumoto
Cuál es la literatura apropiada para las primeras edades? La respuesta no es simple; primero, no existen recetas exactas para cada niño ni edad; y, segundo, esto depende de otros factores en los que intervienen la educación de los padres, las posibilidades económicas y los criterios respecto a lo que es “buena” o “mala” literatura.
Si se parte del principio de que los niños necesitan un acercamiento gradual y sin premuras hacia la palabra escrita, entonces es lógico recomendar, de un modo general, una literatura que reúna ciertos requisitos indispensables: textos comprensibles, ilustraciones a colores y temas que sirvan como fuentes de goce estético, diversión y juego.
Sin embargo, a pesar de las recomendaciones vertidas por los especialistas, algunos padres compran libros para sus hijos a partir de su criterio personal y no a partir del interés del niño, por cuanto es frecuente escuchar comentarios que contradicen la opinión de los niños: “No, hijo, este libro no es bueno porque tiene muchos dibujitos y tampoco aquel otro porque tiene puras letras”.
La elección de un libro para los hijos también depende de la economía de los padres. Si el libro es muy caro, no es raro escuchar: “Este libro es muy voluminoso”. Y si es el libro es muy barato, no dudan en cuestionar: “Este libro debe ser muy malo, el precio lo dice todo”. Entonces, como si la librería y las ferias del libro fuesen una suerte de mercados de abarrotes, se compran libros que mejor se ajustan al grosor de la billetera.
No digo que la elección que hacen los padres a la hora de adquirir un libro sea disparatada, sino que, a veces, se compran libros sin considerar el verdadero interés de los niños y sin preguntarles cuál sería el libro que a ellos les gustaría leer, independientemente del volumen o el precio.
La mayoría de los padres -y desde luego también algunos profesores-, consideran que un libro infantil debe ser instructivo; es decir, debe impartir conocimientos “científicos y positivos” para mejorar las notas escolares del niño, ya que un libro de aventuras y fantasías no le aporta nada y, para lo peor, hasta puede inculcarle valores negativos y de “mala conducta”.
Estos padres no advierten que, con los libros elegidos a su criterio y sin previa consulta a los hijos, están poniendo en riesgo el estímulo que necesitan los niños para adquirir el hábito de la lectura. Los niños que leen libros por obligación -o son sometidos a lecturas que no les interesa-, tienden a convertirse en personas reacias a la lectura; en cambio, los niños que leen libros que estimulan su fantasía y abordan temas que son de su interés, tienden a gozar con la literatura y asumen la lectura como una parte de sus vidas.
En contraste con los ejemplos citados, existen padres que se acomodan al interés lector de sus hijos y que, guiados por su intuición, les compran libros que los impactan tanto por su formato como por su contenido. No es casual que estos padres, apenas un hijo les enseña un libro de su interés, exclamen: “¡Qué bien, hijo! ¡Qué libro tan maravilloso! ¡Seguro que te va a gustar!”; es más, le sugieren que escoja otro libro más que le gustaría leer.
Curiosidad lectora. Ivan Stepanovich Ivanov-Sakachev
Curiosidad lectora. Ivan Stepanovich Ivanov-Sakachev
Después están los padres a quienes poco o nada les interesan los libros destinados a los niños, no tanto porque tienen escasos recursos, sino porque carecen de conocimientos o, como suele ocurrir en nuestro medio, porque ellos mismos no tuvieron padres que estimularan su hábito de la lectura. Por lo tanto, es normal escucharles decir: “No vale la pena invertir dinero en libros que sólo divierten y no enseñan nada. Además, para qué gastar en libros, si igual se divierten mirando la tele”.
Se sobreentiende que con este tipo de padres es muy difícil razonar en torno a la importancia de la literatura infantil en la formación integral del niño, en vista de que ellos mismo, debido a razones socioeconómicas, no tuvieron acceso al maravilloso mundo de la literaria infantil durante su infancia, siendo que la familia es el principal agente mediador entre los niños y los libros.
La familia, junto con la escuela, es el entorno inmediato en el cual se debe fomentar el hábito de la lectura. En un hogar donde existen personas que leen de manera habitual, los niños no ven los libros como objetos raros, sino como materiales donde unos buscan el entretenimiento en sus ratos de ocio, en tanto otros buscan los conocimientos que necesitan en su vida personal o profesional.
La familia y la escuela son imprescindibles para formar buenos lectores desde la infancia, no sólo porque los padres y profesores son los principales modelos de los niños, sino también porque los adultos son los encargados de guiarlos en sus primeros pasos hacia la conquista de los cofres literarios, donde están los tesoros de la literatura infantil. Si los niños ven que los adultos disfrutan con la lectura, entonces comprenden que una de las mejores maneras de matar el tedio es refugiándose en las páginas de los libros, aunque mirar la televisión o pasar el tiempo con los videojuegos sean también otras de las tentaciones que los acechan a diario.
La familia es el ámbito ideal para que los niños descubran la palabra a través de la narración oral o la lectura de un libro. Una madre que suele contar cuentos a sus hijos cuando éstos se acuestan o un padre que les lee libros en los momentos lúdicos, aun sin saberlo, están cumpliendo una función de mediadores entre los niños y la literatura infantil. Cuando esto se convierte en una costumbre familiar, es muy probable que estos niños, cuando sean padres, repitan el mismo hábito con sus hijos, ya que existen costumbres que se transmiten de padres a hijos y de generación en generación.
La familia, en el mejor de los casos, debe disponer de una pequeña biblioteca, dejando al alcance de los niños los libros que pueden despertar su curiosidad y, consiguientemente, su interés por leerlos sin que nadie los obligue. Los libros tienen que ser asequibles, como las frutas apetecibles puestas en un frutero. El niño primero los contempla, después los hojea y, si están con mucho apetito de lectura, los toman como si fuesen frutas, los leen y los disfrutan.
La familia y la escuela son centros de recursos para la enseñanza y el aprendizaje, pero para poder cumplir a cabalidad este objetivo, aunque parezca una mera aspiración idealista, es necesario que en el hogar exista una pequeña biblioteca familiar y en la unidad educativa una biblioteca escolar dotada de materiales que sean del interés de los niños, puesto que la biblioteca es un recinto de entretenimiento y aprendizaje, pero también un reino que cobija a los interesados en adentrarse en los mundos imaginarios de la literatura infantil.
En síntesis, valga considerar tres aspectos fundamentales en la interrelación habida entre familia, escuela y literatura:
 1). La familia y la escuela sirven como intermediarios entre los niños y los libros;
 2). Los niños dan sus primeros pasos y comienzan su contacto con la palabra, hecha cuento y poesía, entre los brazos de sus padres y entre las cuatro paredes del hogar;
3). La literatura infantil contribuye al enriquecimiento de las facultades cognoscitivas del niño, que necesita mejorar permanentemente su destreza lingüística y social, como necesita desarrollar su capacidad intelectual y emocional.

El Banco del Libro resiste en su labor de promover la lectura

María Beatriz Medina y Virginia Betancourt consideran que el principal reto de la institución es sobrevivir en un contexto de crisis económica | Manuel Sardá
María Beatriz Medina y Virginia Betancourt consideran que el principal reto de la institución es sobrevivir en un contexto de crisis económica | Manuel Sardá
La organización asegura que cada vez es menor el apoyo de la empresa privada y el del Estado representa aproximadamente 16% de su presupuesto anual

Cuando Virginia Betancourt entra al Banco del Libro todos la saludan, la tratan con extrema cordialidad, le abren las puertas, la hacen sentir cómoda.

Ninguna de las personas que trabajan en el edificio que está ubicado en Altamira Sur ignora que ella fue la impulsora de la institución. 

"El comienzo de todo se asocia con el deseo de cambiar el país después de la caída de Marcos Pérez Jiménez. En ese momento un grupo de personas le pidió ayuda a mi mamá, Carmen Valverde, esposa del presidente Rómulo Betancourt, para crear una asociación que tuvo vida muy corta, Solidaridad Humana, con la que colaboré. Entre sus actividades estaba la recolección de libros para los niños más pobres", cuenta.

Recuerda, sin dejar de sonreír, el galpón en Plaza Venezuela que sirvió para guardar todo lo recabado, especialmente los textos escolares con los que empezaron. Se inspiraron en el intercambio de alimentos, ropa y libros que hacían hermanas, hijas y esposas de quienes estaban en la clandestinidad durante la dictadura.

De esa experiencia surgió la organización que cumple este mes 55 años de fundada.

Al comienzo hacían caravanas por las urbanizaciones para solicitar con altoparlantes la colaboración de los vecinos. "Mucha gente ayudó en esa primera etapa. Recogían libros en diferentes lugares, los organizaban. El énfasis era apoyar la educación y promover la lectura para formar ciudadanos", dice Betancourt, quien se enorgullece del programa de intercambio de textos escolares con el que se han formado varias generaciones.

En ese entonces había un trabajo en conjunto con el Estado. El galpón de Plaza Venezuela pertenecía al Ministerio de Obras Públicas, ente que en 1963 otorgó en comodato los terrenos de Altamira Sur donde actualmente se encuentra la sede de la institución.

En los a ños siguientes pensaron en grande para llevar a cabo proyectos como el Primer Seminario de Libros de Texto en Primaria, con el apoyo de Luis Beltrán Prieto Figueroa, fundador de la Federación Venezolana de Maestros. Esa iniciativa, recuerda Betancourt, sirvió para la elaboración de las primeras guías de evaluación de libros de lectura, matemáticas, ciencia y ciencias sociales, que fueron empleadas por el personal del Ministerio de Educación.

"Aún me encuentro con gente en la calle que dice que estudió en la escuela gracias al canje que promueve el Banco del Libro. También somos responsables de impulsar la producción de libros escolares en Venezuela para que se dejaran de importar. A pesar de que era una labor de amas de casa bien portadas, tuvo eco hasta en el mundo intelectual y en el área de la educación. Todo eso creó la noción de que también pensábamos y no solo éramos unas recolectoras de libros viejos", dice con satisfacción sobre un programa que se mantiene hasta ahora.


Retos en la adversidad
Si Betancourt asegura que habló sobre los orígenes, María Beatriz Medina, directora ejecutiva del Banco del Libro, reconoce que le toca hablar de lo más difícil: el contexto actual.

Como ejemplo de los cambios que ha habido menciona el proyecto del llamado Bibliobús, que llevaba libros a los barrios y que en 1973 llegó a estar presente en 16 zonas populares de Caracas.

Hace dos años tuvo que cancelarse esa iniciativa por la imposibilidad de mantenerla operativa. Al comienzo contaban con 12 unidades, pero al final eran solo 2. "Barrio Adentro se dio hace muchísimos años", expresa entre risas Betancourt.

Ambas recuerdan también el sistema de cinco bibliotecas públicas, que tiene como principal exponente la Mariano Picón Salas del Parque Arístides Rojas, que luego fue transferido al Estado.

Otro motivo de orgullo es Ediciones Ekaré, que surgió como un proyecto de promoción de lectura del Banco del Libro y que ahora se vale por sí mismo. Un título emblema es La calle es libre, editado en 1981, sobre la historia real de unos niños del barrio San José de La Urbina, donde había una biblioteca impulsada por el banco. "Ha sido traducido a 16 idiomas. El sello se convirtió no solo en una referencia nacional, sino internacional.

Ahora sigue adelante, con todo y las dificultades editoriales que atraviesa la industria", señala Medina.

Betancourt lamenta que las bibliotecas estén sin nuevos títulos desde hace varios años: "Lo importante es que compren los libros y los distribuyan para que lleguen a los niños, pero eso no se está haciendo". Medina aclara: "Sí hay estados que han comprado libros recomendados por el Banco del Libro, como Miranda. Sin embargo, sí han disminuido las compras institucionales en el país, cuando en Chile, Colombia y Guatemala buscan las publicaciones de Ekaré".

Cuando se les pregunta por los retos de la institución, Betancourt responde sin titubear: "Sobrevivir". La directora ejecutiva lo confirma: "La supervivencia. Para multiplicar nuestras acciones necesitamos de una articulación mucho mayor. Hemos logrado resistir".

Del presupuesto anual, Medina asegura que aproximadamente 16% proviene del Ministerio de Educación. "En 2013 no hubo aporte, pero lo retomaron. Cada vez es también menor el que recibimos de la empresa privada por la situación del país. Mantenemos apoyos de fundaciones como Telefónica y el Goethe-Institut". 

“Qué tipo de literatura se debe aplicar en las escuelas para estimular el habito a la lectura de los niños”. Le miré a los ojos y contesté: “Todo lo que está al margen de los libros de texto”.

Entre el libro de texto y la literatura infantil

Víctor Montoya
En la Primera Feria del Libro Infantil y Juvenil realizado en La Paz, en febrero de 2012, una atenta maestra del ciclo primario, que asistió a mi conferencia sobre “La violencia en la literatura infantil”, me preguntó en tono amable: “Qué tipo de literatura se debe aplicar en las escuelas para estimular el habito a la lectura de los niños”. Le miré a los ojos y contesté: “Todo lo que está al margen de los libros de texto”.
En efecto, los libros de texto, que se aplican dentro del sistema educativo, no cuentan historias que les interese a los niños, pues son libros que, en primer lugar, tienen una función didáctica y de enseñanza de conocimientos, que los profesores consideran importantes para el futuro desarrollo intelectual y profesional de los niños.
Sin embargo, los libros que prefieren los pequeños lectores son aquellos que les cuentan historias que tienen la magia de transportarlos a otras dimensiones en las alas de la imaginación, que es una de las facultades que caracteriza a los seres humanos; más todavía, los niños, independientemente de su condición social y racial, tienen derecho a ser tratados con respeto y cariño, pero también tienen derecho a tener acceso a las joyas de la literatura infantil que, además de avivar su fantasía y creatividad, les permite desarrollar su capacidad verbal y resolver sus ataduras emocionales.
Un buen libro de literatura infantil no sólo nutre los conocimientos del niño, sino que también educa su sentido estético, aunque algunos escépticos pongan en duda este precepto avalado desde hace tiempo por escritores, ilustradores, psicólogos y pedagogos.
Los libros infantiles, sin necesidad de caer en el didactismo, cumplen la función de formar a personas que, en su vida futura, tengan instrumentos lógicos, críticos y lingüísticos, que les permita desarrollarse sin muchas dificultades en una sociedad cada vez más competitiva y tecnocrática.
La literatura infantil, como ya lo remarcamos en otras ocasiones, contribuye al enriquecimiento del patrimonio lingüístico del niño, a parte de que estimula su fantasía y capacidad creativa, que es una de las facultades mentales que diferencia a los humanos de los animales primarios. En palabras del lingüista Dámaso Alonso: “La literatura infantil contribuye a que el niño penetre en el conocimiento de la lengua, a través del espíritu lúdico de las palabras, las onomatopeyas, el ritmo, la cacofonía, la prosa rítmica y la eufonía (palabras que suenan bien)”.
Los libros que están escritos a partir de las necesidades emocionales e intelectuales de los niños, serán siempre los que más incidan en su desarrollo integral, en virtud de que los libros infantiles, elaborados con un criterio más lúdico que didáctico, tienen la fuerza de atrapar su atención, estimular su hábito a la lectura, reafirmar su autoestima y moldear su conducta personal.
Ya se sabe que a los niños, por lo general, no les gusta los cuentos y poemas que aparecen en los libros de texto a manera de “lecturas extras”. Los niños prefieren una literatura que esté exenta de senso-moral (refranes, moralejas y sentencias), libros que les permita zambullirse en su propio mundo cognoscitivo, es decir, libros que expresen sus sentimientos y pensamientos de manera auténtica y recreativa.
Por fortuna, los escritores para jóvenes y niños, en un intento por apartarlos de los libros didácticos y acercarlos al puro placer estético de la recreación literaria, redoblan sus esfuerzos por crear obras que no defrauden a sus lectores, sabiendo que esta literatura no sólo promueve la imaginación y la creatividad, sino que forja el hábito a lectura de quienes serán los futuros grandes lectores de la gran literatura universal.
Los maestros saben, por experiencia propia, que los niños tienen preferencias por los libros que cuentanhistorias verdaderas, pero que incluyen elementos ficticios, a menudo sobrenaturales; historias contextualizadas en un tiempo y lugar que resultan familiares a los miembros de una comunidad, y que aportan a la narración cierta verosimilitud.
Las leyendas y los cuentos populares que se desarrollan habitualmente en un lugar y tiempo reales, y que los lectores pueden reconocer sin mayores dificultades mientras se internan en las páginas del libro, son siempre los que mejor representan su mundo cognoscitivo, aunque en la trama intervengan personajes y elementos ficticios, a modo de darle un toque de magia a la historia narrada.
En este caso, los libros que contienen narraciones de la tradición oral, transmitidos de generación en generación, son excelentes recursos cuando se los sabe usar de manera adecuada en la escuela y conforme a las necesidades de los niños. No se debe olvidar que, por ejemplo, los cuentos populares, aparte de transmitir una sabiduría acumulada durante siglos, encierran en sus historias, hechas de realidad y fantasía, una serie de recursos terapéuticos que ayudan a los niños a resolver, mediante una catarsis, sus frustraciones, traumas o deseos no cumplidos.
El niño, independientemente de su edad, se hace cómplice de los personajes, las escenas y situaciones que el autor le transmite por medio de la re-creación literaria. El lenguaje plurisignificativo hace que el niño, con su particular intuición, elabore sus propias imágenes visuales de los personajes y los contextos que aparecen en los cuentos, ya sean éstos reales o ficticios. Esto no niega, de ningún modo, que el discurso literario debe ser claro, sencillo y convincente, sobre todo, si se considera que el receptor directo es el niño, quien se forma un mundo de ilusiones apenas ve un libro con un empastado llamativo y salpicado de imágenes que le despiertan la curiosidad por saber qué historias se esconden entre los renglones de los textos.
Los cuentos provenientes de la tradición oral y la memoria colectiva, no conocen autores ni épocas. Su presencia entre nosotros, luego de haber transitado de boca en boca, se debe a que forman parte del espíritu del pueblo, en cuyo seno se incubaron como valores humanos universales dignos de ser transmitidos a los miembros de una colectividad.
La mayoría de las narraciones de la tradición oral representan el alma de los pueblos que, para sobrevivir a los avatares del tiempo, necesitaron concentrar sus experiencias y vivencias en los renglones de un relato o en los versos de un poema, que nos hablan del pasado, el presente y el futuro de una comunidad que se resiste a sucumbir en los polvos del olvido.
No hay mejor manera de conocer la historia, costumbres y tradiciones de un pueblo que no sea a través de su literatura, donde se concentran sus grandezas, tragedias y esperanzas. La palabra escrita, utilizada en este sentido, cumple una función por demás fundamental, ya que sin ella sería más difícil registrar la memoria colectiva y dejar un testimonio histórico para las generaciones del futuro. En el caso de la literatura se ha usado la palabra escrita como un instrumento para transmitir ideas y sentimientos cotidianos, pero también como un instrumento para crear, incluso con afanes lúdicos y estéticos, una serie de relatos, mitos, leyendas, fábulas, poemas, canciones y cuentos.
Ahora bien, el libro de texto y el interés de los niños por la lectura no siempre han formado una buena mancuerna. El libro de texto, desde que se desarrolló la imprenta de Johann Gutenberg, ha tenido tradicionalmente la función de ser un libro estándar para transmitir conocimientos en cualquiera de las ramas del conocimiento humano, desde la enseñanza básica hasta las academias de profesionalización. En cambio la literatura infantil, desde los albores de su desarrollo, estaba destinada a cumplir otra función distinta a la de los libros de texto, debido a que no tenía otro propósito que despertar la fantasía de los lectores, transmitiéndoles historias reales y ficticias o cuentos de encantos y espantos.
El libro de texto, a diferencia de la literatura infantil, a veces es un obstáculo que se antepone en la interrelación profesor/alumno, y un medio que, en lugar de estimular la actividad creativa del alumno, bloquea los deseos de asimilar nuevos conocimientos. No en vano Beatriz Soria, en su artículo “El libro de texto y la educación”, nos recuerda: “El libro de texto es utilizado como el libro de lectura. El niño es obligado, con la guía del maestro, a leer y releer la lección o responder un cuestionario sobre lo leído. El libro de texto en la escuela primaria lo es todo, y la clase se reduce a la lectura y comentario del libro que, por lo general, es único. Además, incoherente con las aspiraciones, intereses y mundo circundante del niño o el joven. Por otro lado, como si fuera nada, es escrito por los autores -en general- sin criterios definidos; no se valoran las leyes psicológicas del aprendizaje; no está vinculado a la comunidad y sus características lingüísticas, culturales, sociales; ni guarda secuencia en el control del vocabulario para un dominio básico del idioma materno”.
La literatura infantil cumple una función mucho más creativa y lúdica, y, por eso mismo, no es casual que los niños ocupan más tiempo en la lectura de estos libros que haciendo los deberes de la escuela. Los libros destinados a los pequeños lectores son una suerte de varitas mágicas que ayudan a superar el tedio de cada día. De ahí que todo escritor e ilustrador, que pretenda llegar a los niños con sus obras de creación, está en el deber de interiorizarse, primero, en el mundo cognoscitivo de los niños y, segundo, está en la obligación de elaborar un material que concite la atención de ellos tanto con la forma como con el contenido.
Si el niño es el receptor principal de los libros infantiles, entonces se sobreentiende que debe comprender la connotación semántica de las palabras y el mensaje que se le quiere transmitir a través de los textos y las ilustraciones. De nada sirve elaborar un mamotreto a nombre de “literatura infantil”, con letra apretada y menuda, y dibujos de mal gusto, porque a los niños no se les puede engañar como a bobos. Cualquier libro que no sea de su agrado, volará por los aires como ocurre con algunos libros de texto que son engorrosos y pesados como las patas de un muerto.

La literatura está presente en cada uno de los resquicios de la humanidad, en todo lo creado. La palabra en manos del escritor rememora la belleza y obvia la incertidumbre que pueda marcar la vida del ser humano. El escritor abandona todo vestigio de simpleza para expresar desde su ser la limpidez, lo sublime, el acercamiento a lo maravilloso. La imaginación permite al lector niño-joven-adulto vivir inmerso en el mundo de lo posible. Cuando imaginamos nos entregamos al ejercicio de la palabra hecha bondad, amistad, solidaridad, dolor, agonía, silencio; pero por sobre todo, amor.

La literatura infantil en el mundo hispanoamericano. Efraín Subero

 José Gregorio González Márquez
La literatura está presente en cada uno de los resquicios de la humanidad, en todo lo creado. La palabra en manos del escritor rememora la belleza y obvia la incertidumbre que pueda marcar la vida del ser humano. El escritor abandona todo vestigio de simpleza para expresar desde su ser la limpidez, lo sublime, el acercamiento a lo maravilloso. La imaginación permite al lector niño-joven-adulto vivir inmerso en el mundo de lo posible. Cuando imaginamos nos entregamos al ejercicio de la palabra hecha bondad, amistad, solidaridad, dolor, agonía, silencio; pero por sobre todo, amor.
Portada libro La literatura infantil en el mundo hispanoamericano. Efraín Subero.
Investigadores y especialistas aún debaten sobre la importancia de la literatura en el proceso de formación de niños y niñas. La literatura infantil en el mundo hispanoamericano, trabajo conel que Efraín Subero se incorporó como individuo de número a la Academia Venezolana de la Lengua nos permite reflexionar acerca de los caminos donde transita la literatura infantil en América Latina. Presumir que el escolar no lee o es poco estimulado para que aborde los procesos de lectura ratifica las tesis extremistas que pretenden solapar el verdadero sentido de la lectura. El autor demostró una honda preocupación por los trabajos dedicados a los niños y analizó en su obra los elementos claves para construir una verdadera literatura infantil. La dimensión humana de la escritura para los niños va más allá del simple carácter didáctico y moralizador con que se ha tratado por mucho tiempo; descansa en la necesidad de despertar la imaginación como vehículo para acceder al disfrute de la lectura.
Para Subero, la literatura infantil no debe aislarse de la literatura en general. No puede verse como una ínsula en cuyo territorio sólo confluyen los intereses de los niños y niñas; pues, lo infantil evidentemente está marcado por los fenómenos sociales que inciden en la formación de los individuos. Así, el autor afirma que “ No se puede seguir estudiando la literatura desligada del contexto social y mucho menos la literatura infantil, que esencialmente aspira a expresar, a modelar y a enriquecer el alma del niño hispanoamericano”.
Las reflexiones propuestas por Efraín Subero abarcan todos los ámbitos de la literatura y la educación; considera que los niños y niñas tiene el derecho de disfrutar la lectura en un ambiente ameno. Asimismo, invita a los autores de literatura infantil a proponer trabajos que vayan en función de los gustos e intereses del niño para que ellos perciban la literatura como un elemento socializador al mismo tiempo que descubran el mundo de la imaginación.

La literatura infantil – denominación que aun se discute – precisa de la constancia de sus escritores y de la calidad de lo que se escribe. Cuando se crea para niños y jóvenes es imperante considerar ciertos elementos que abarquen sus intereses y los atrapen en una espiral de aventuras, de conmociones para su deleite personal. Se vive el texto, se interioriza su contenido cuando la imaginación cabalga por los senderos del mundo lúdico

La palabra en predios de una antología. La literatura infantil venezolana

José Gregorio González Márquez
Poeta José Javier Sánchez
Poeta José Javier Sánchez
La palabra, en su segmentación oral o escrita, retrata el alma del ser humano. Cuando se escribe, invade los predios de la existencia para vincular los mundos de la imaginación y la fantasía con la realidad circundante. En la palabra habitan sueños, deseos, pasiones, alegrías, tristezas, denuncias, incertidumbres y tantas emociones que en el escenario de la vida frecuentan el pensamiento humano. La escritura es un acto personal; es individual y solitario pues el escritor se sumerge en el universo de la palabra para atar o desatar el sentido de frases y oraciones que a la larga compondrán un poema, novela, cuento o ensayo cuyo referente sobrevivirá a la mirada del lector ávido de aventuras.
La literatura infantil – denominación que aun se discute – precisa de la constancia de sus escritores y de la calidad de lo que se escribe. Cuando se crea para niños y jóvenes es imperante considerar ciertos elementos que abarquen sus intereses y los atrapen en una espiral de aventuras, de conmociones para su deleite personal. Se vive el texto, se interioriza su contenido cuando la imaginación cabalga por los senderos del mundo lúdico. Jugar con las palabras, hacerlas intermitentes, referirlas al espacio mágico de lo ignoto despiertan en el niño la curiosidad y la búsqueda de nuevos mundos sensoriales. Invención e imaginación en la literatura infantil son ejes fundamentales en el desarrollo de la personalidad del niño. Víctor Montoya afirma que: “La actividad lúdica de los niños, como la fantasía y la invención, es una de las fuentes esenciales que le permite reafirmar su identidad tanto de manera colectiva como individual. La otra fuente esencial es el descubrimiento de la literatura infantil, cuyos cuentos populares, relatos de aventuras, rondas y poesías, le ayudan a recrear y potenciar su fantasía.”
La literatura para niños debe estar cargada de significados para que su interiorización sea inmediata. Y no se trata de hacerla con ánimo exclusivamente pedagógico sino buscar la posibilidad infinita que el niño se divierta y goce cada palabra que salga de la pluma del escritor.
Portada Antología
Portada Antología
En Venezuela la literatura infantil ha sido prolífica. El cuento y en menor cantidad la poesía, están presentes en los libros dedicados a la lectura de los niños. José Javier Sánchez poeta, investigador y especialista nos entrega la Antología de literatura infantil venezolana publicado por la Editorial La Estrella Roja y con las ilustraciones de Pablo Riesco.
En esta muestra de cuentos y poemas, Sánchez reúne las voces de innumerables escritores venezolanos que dedicaron y dedican su escritura al público infantil. Los criterios manejados para la edición son variados, no excluyentes ni sectarios. Respetando las diferencias de tiempo y espacio, el antólogo revisa la literatura infantil desde finales del siglo XIX hasta nuestros días. Apunta José Javier Sánchez en el prólogo que la edición “… tiene varios criterios que pueden conceptualizarla como una obra dirigida a enriquecer el lenguaje, el intelecto, el saber y sobre todo la experiencia significativa del lector”.
Aunque el compilador asume que la antología recoge cuentos escritos en diversas formas, la presencia de textos con su lenguaje poético recrean la metáfora en sus incalculables dimensiones. Es significante que Sánchez reúna cuentos y poemas con características narrativas para darle cohesión e hilvane con finos hilos un sendero de referencia para la literatura infantil venezolana. En sus palabras: “es una antología de cuentos escritos de diversas maneras: prosa narrativa, prosa poética, romance, cuarteta, copla, décima, espinela, formas poéticas expresivas que narran historias…”
Otro elemento referencial presente en la antología, es la riqueza de personajes que asumen el protagonismo de los textos. De animales humanizados hasta niños comunes actúan de la mano de los escritores en escenarios disímiles viviendo aventuras extrañas o situaciones cotidianas. Se denota en los textos la variedad de ambientes en lo que se desarrollan diversidad de acciones. Ambientes dibujados en la geografía de Venezuela y que trascienden el tiempo y la historia para recrear un sinfín de modos de vida. Las costumbres, la picaresca, la tradición y el sentir de los pueblos se expresa en las líneas de este libro. La palabra con su rol protagónico llena de ensueño a los niños, niñas y jóvenes con una lluvia de cuentos y poemas que amanecen entre los pliegues de la imaginación y la fantasía.
Para Enrique Pérez Díaz, narrador, poeta e investigador cubano, las tendencias de la literatura infantil venezolana se mueven en: “… el constante rescate de los mitos y tradiciones ancestrales, la recurrencia al relato animista y antropomorfista de índole moralizante, el cuento de carácter maravilloso, el cuento realista- mágico… la incidencia en los temas del realismo crítico que hurga en los problemas sociales… y los cuentos más contemporáneos que exploran en el humor, situaciones actuales y sobre todo buscan acercarse a la infancia partiendo desde sus puntos de vista y la cotidianidad misma”. La descripción anterior de nuestra literatura infantil se ajusta al trabajo realizado por José Javier Sánchez en su antología. Así, Sánchez toma trabajos representativos de autores que se destacan como creadores y apasionados cultivadores de la narrativa y lírica para niños, niñas y adolescentes.
El panorama de la literatura infantil venezolana es variopinto. Como lo afirma Efraín Subero notable escritor y estudioso del tema y que coincide con José Javier Sánchez, la LIJ en sus comienzos está unida a los comienzos de los libros de texto. Por supuesto, al hacer tal afirmación no deja de lado la tradición oral pues ésta se fortalece y continúa su periplo al apropiarse de las páginas de los libros. Muchos escritores recrean mitos y leyendas de los pueblos originarios, rememoran los saberes ancestrales, asumen la defensa del pasado y contribuyen a la sobrevivencia de la oralidad al transcribir o versionar cuentos y poemas.
En apariencia, la literatura infantil venezolana pasaba desapercibida. Por años estuvo relegada a libros escolares o libros con tirajes de impresión mínimos. El poco interés demostrado incluso por quienes estaban a cargo del quehacer cultural, atentó en contra del trabajo de escritores que con abnegación escribían para niños y niñas. Muchas de esas voces se apagaron sin el reconocimiento oportuno al legado que nos dejaron. Sin embargo, gracias a la preocupación de investigadores como José Javier Sánchez, Isabel de los Ríos, María Elena Maggi, Laura antillano, Josefina Urdaneta, Alicia Montero, David Figueroa Figueroa entre otros, se rescatan en el tiempo cuentos y poemas que pertenecen al acervo literario para niños venezolanos.
El trabajo literario de José Rafael Pocaterra, Oscar Guaramato, Aquiles Nazoa, Efraín Subero, Josefina Urdaneta, Elizabeth Shôn, Julio Garmendia, Tulio Febres Cordero, Orlando Araujo, Morita Carrillo, Carlos Ildemar Pérez, Salvador Garmendia, Lucila Palacios, Armando José Sequera, Laura Antillano, Alvaro Trujillo, Lenis Pérez, María del Pilar Quintero, Gabriel Jiménez Emán, Luiz Carlos Neves, Gino González, Mireya Tabuas y muchos otros conforman esta hermosa Antología.
Recopilar tantos textos, hacer su análisis para la selección y escoger los que se quieren publicar, no resulta sencillo. Como en toda antología se corre el riesgo de la crítica pues muchos autores pueden quedar fuera sin intencionalidad alguna del autor por obviarlos o ignorarlos. Sin embargo, en este trabajo la muestra de autores y épocas históricas es representativa, en él confluyen hombres y mujeres que se han dedicado a fortalecer los lazos de la lectura y escritura con los más pequeños. Se puede estimar como lo dice José Javier Sánchez: este es un libro para leer en el tiempo, para leer en las aulas de clase, para el disfrute de niños y adultos, para leerlo bajo un árbol o al pie de la cama.
Referencias Bibliográficas
Montoya, V. (2004). El poder de la fantasía y la literatura infantil. Córdoba. Argentina: Ediciones del Sur.
Pérez, E. (2012). Una literatura sin tiempo ni edad: En: En junio como en enero. La Habana. Cuba: Editorial Gente Nueva
Sánchez, J. (2013). Antología de la literatura infantil venezolana. Caracas. Venezuela: La Estrella Roja.
Subero, E. (2010). La literatura infantil en el mundo hispanoamericano. Caracas. Venezuela: Fundación Editorial el perro y la rana.

Poesía para niños, el sueño habitado

Angela Gentile
Princesa lectora. Ilustración de Erithe
Princesa lectora. Ilustración de Erithe
Escribir para niños es un desafío permanente, cambian los paradigmas, los lenguajes, los símbolos y los códigos.
Nos preguntamos cómo debe ser un poeta para niños y no hay fórmulas establecidas; pero se intuye que el mismo debería escribir como si realizara un viaje por su alma, con exigencias, autenticidad y transitar entre lo ficcional y lo habitado.
El encuentro entre lector-oyente se fortalece a temprana edad, en lo bello y en el ritmo; porque en la musicalidad se completa la parte lúdica del lenguaje y hace que ese “lector latente” se inicie como tal, al relacionar su universo simbólico, al misterio creativo y a la calidad estética de manera natural; porque no debemos olvidar que todo niño es un captor polifónico de lo oral y de lo escrito.
La poesía debe luchar con un entorno social que generalmente no la cultiva y es éste uno de los puntos claves para no incorporarla tempranamente. Muchos factores confluyen al intentar educar el gusto poético, desde aprender a que no todo verso rimado es poesía, hasta descubrir que el ritmo es la iluminación del poema.
Los niños seleccionan, aceptan, buscan, evalúan, manifiestan y reciben; por lo cual el lenguaje poético debe mantener su autenticidad para permitir su recepción, lograr edificar el significado y construir su propia arquitectura como lector. Esa construcción llevó años y se inicia en el momento en el cual se considera la figura del niño como objetivo de una literatura; pero aún, más en el destinatario de una poesía, casi no existe, es velado como en el caso de Ilíada cuando mencionan a Astianax, temeroso ante la figura de su padre Héctor; a pesar que en ese mundo, los espartanos, instruían a los niños a partir de los siete años tanto en el arte de la guerra como en la poesía. Los latinos arrullaban a sus hijos cantándoles canciones de cuna, un mundo poético influenciado por la voz más vinculante y cercana.
Desde la Antigüedad se ha sumado el interés y no ha decaído en los siglos. Pensemos en Argentina entre los años 1880 y 1910, aparece una poesía de corte didascálico; luego ya en los albores del siglo XX, se predispone a elaborar el perfil patriótico pues ya la escolaridad había aumentado de modo considerable y era necesario incorporar la historia.
En esos intentos de construcción de un lenguaje poético, se perfila lo hispanoamericano como tradición, se suma la métrica breve, la melodía y el uso de la rima mayormente consonante.
Es entonces en este lugar del sur de América que comenzaron a interesarse por la poesía infantil: docentes, ensayistas y poetas; entre los cuales Germán Berdiales es uno de los precursores, Fryda Schultz de Mantovani que da un paso más y edita la revista “Mundo infantil”.
No quiero devolver el libro a la Biblioteca! Es mío! Ilustración de George Doutsiopoulos
No quiero devolver el libro a la Biblioteca! Es mío! Ilustración de George Doutsiopoulos
Berdiales reúne poesía y sociedad cuando sin mencionar el país que describe, plantea el concepto de pobreza, asociada al trabajo y apela a la musicalidad de ciertas estrofas para remarcarlo: “(…) mucho que lavar/mucho que planchar/mucho que zurcir (…)”.
Enrique Banchs, reúne se aproxima más a lo inmediato y aparecen animales, en intertextualidad con otros géneros: “Gato embotado viene y va/con una mano en la cintura/con el sombrero/ de mosquetero/(…)”
Rafael Alberto Arrieta se pronuncia con versos dedicados a los menesteres más pastoriles pero sin evitar la cruel realidad a la que se enfrenta el niño de esos tiempos: “Trisca, el cabritillo/por el prado en flor/ (oigo tu cuchillo, / sacrificador)/¡Corre,trepa, escapa/que llega y te atrapa(…)”
Fryda Schultz de Mantovani descubre el universo y hace que los niños entren en contacto con ese cosmos utópico “Se cayó la luna, /se cayó en la harina, /álzala despacio/ con tu mano limpia (…)”.
Otra poeta Emma de Cartosio activa el mundo de los juguetes en su poesía:” (…) al oso celeste/se le cayó una oreja,/ ya no puede oír/sus propias quejas(…)”
Otros autores dentro del arco de finales de siglo XIX e inicios del XX, se acercaron en algún momento de su obra a la poesía para niños, sin minimizarla. Entre ellos contamos con Luis Franco, Raúl Galán, Rafael Jijena Sánchez, Ricardo Molinari, Conrado Nalé Roxlo, Alfonsina Storni, José Sebastián Tallón, Javier Villafañe entre otros.
El siglo XX avanza y aparece la figura de María Elena Walsh quien revoluciona la palabra y hace entrar en crisis el olvido e incorpora el absurdo, fractura el lenguaje y musicaliza parte de su producción; de ese modo el mundo repite estrofas, proyectándola en las generaciones. Walsh vuelve universal lo cotidiano, va por los senderos originales y formula nuevos “limericks” como lo hiciera Edgard Lear en otro siglo. Elsa Bonermann está en el historial de aquellos que jugaron entre el mundo real y el imaginario con imágenes deslumbrantes que formaron el gusto estético de una década. María Cristina Ramos continua ese sendero ya iniciado por los poetas antes mencionados; encontrando que en su camino la rima es importante, la métrica, y la selección del vocabulario son fundamentales, para jerarquizar el arte de la poesía infantil.
Sin duda la poesía infantil es un camino que ilumina, permite la libertad y se vuelve única en cada lector.

lunes, 2 de febrero de 2015

Cuando a raíz del golpe de estado del 24 de noviembre de 1948 cae el gobierno de Rómulo Gallegos (Caracas, 2 de agosto de 1884 - Caracas, 5 de abril de 1969) y el Dr. Luis Beltrán Prieto (La Asunción (Nueva Esparta) el 14 de marzo de 1902- Caracas el 22 de abril de 1993) que era el Ministro de Educación y los demás ministros del gabinete de Gallegos van al exilio o a la resistencia al gobierno del General Marcos Evangelista Pérez Jiménez (Michelena, Táchira; Venezuela. 25 de abril de 1914 - Alcobendas, España, 20 de septiembre de 2001) , y yo me encontraba aún sin cumplir los 18 años con un título de maestra normalista recién adquirido en la Escuela Normal "Simón Bolívar" y el cargo correspondiente en la Escuela "Eduardo Viso", fui llamada por el Gobernador de turno para que declarara si era verdad "que no iba a firmar el "Libro de Oro" con loas a la dictadura,como en efecto iba a hacer por fidelidad a mis ideales democráticos, los Hermanos del Colegio "La Salle" de Valencia, me recibieron a pesar de los problemas que podrían acarrearle ese gesto, como maestra fundadora de su Kinder, en la sede de Guaparo, hasta que pude ejercer en el sector oficial, cuando en 1959, ya en Democracia fundé junto al Dr. Guada Lacau, el "Aula Jardín "Lya Imber" en el Hospital Central de Valencia "Dr. Enrique Tejera"

Fundación La Salle afianza su modelo de aprender haciendo

Este año darán oferta de capacitación no formal en la Gran Caracas

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La institución quiere traer su experiencia en materia agrícola para formar en oficios a jóvenes de la zona rural de El Hatillo CORTESÍA FUNDACIÓN LA SALLE
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DELIA MENESES |  EL UNIVERSAL
domingo 1 de febrero de 2015  12:00 AM
La Fundación La Salle, con 57 años de labor, hacía emprendimiento cuando este término ni siquiera se usaba y nadie hablaba de ello. Educar con cultura para el trabajo o aprender haciendo es uno de los pilares que esta institución ha logrado desarrollar bien en el interior del país, con la creación de escuelas técnicas y centros de capacitación laboral.

Ahora el reto, según explica Noé Martínez, director nacional de Extensión-Producción de Fundación La Salle, es impulsar esta área en Caracas, "partiendo de la experiencia previa que tenemos en las regiones donde hacemos vida".

Actualmente están trabajando en dos iniciativas: extender los Centros de Capacitación Laboral (donde se forman jóvenes que desertaron del sistema escolar) a El Hatillo y Vargas. Hasta ahora estos centros existen en Los Valles del Tuy (Ocumare), Trujillo (Boconó) y en Delta Amacuro (Tucupita).

"Queremos traer toda la experiencia y potencialidad de la fundación en materia agrícola para formar en oficios a jóvenes de las zonas rurales de El Hatillo. En Vargas, la oferta de capacitación no formal vamos a enfocarla en el área de prestación de servicios, cursos de Informática y Asistente Administrativo", explicó Martínez.

Durante 2015, Fundación La Salle quiere intensificar los talleres de emprendimiento. En 2014 se hicieron dos en Caracas y 19 en el interior del país pero este año está previsto organizar seis en la capital, abiertos al público en general (micro empresarios o futuros emprendedores).

"La idea es articularnos con los consejos comunales para que nos sirvan de enlace con los micro empresarios. Además del taller de 20 horas, queremos impulsar las incubadoras de emprendimiento; esto es, hacer un acompañamiento a la persona a lo largo del tiempo para brindarle asesoría a fin de que los proyectos se materialicen y se mantengan en el tiempo. La tasa de mortalidad de los emprendimientos es muy elevada, sobre todo por la falta de herramientas para que sigan avanzando".

A juicio de Martínez hay dos buenas razones para impulsar el emprendimiento en tiempos de crisis como el actual: promover el desarrollo integral del ser humano, que la persona pueda suplir sus necesidades básicas y revertir esa tendencia o lógica rentista que se ha instaurado en el país y lograr que cada quien sea parte de su éxito sin depender del Estado o de otros sectores.

Dos iniciativas

En el área de investigación ambiental y social la Fundación La Salle ha cosechado importantes frutos. Para conocer estos aportes está el Museo de Historia Natural La Salle que tiene más de 200 mil registros de la diversidad biológica nacional a nivel de fauna y vegetación. Este lugar puede ser visitado en la sede de la fundación, ubicada en la Cota Mil con Maripérez, pues se organizan visitas guiadas planificadas previamente.

También puede conocer, previa cita, el Instituto Caribe de Antropología y Sociología, que atesora los estudios sociales realizados por la fundación en las comunidades indígenas de Venezuela. Hay piezas arqueológicas, muestras de artesanato y revistas especializadas.

Fundación La Salle reimpulsa el emprendimiento

Tienen actividades en los campus de Trujillo, Caracas, Cojedes y Guyana

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Incentivan la producción agrícola ARCHIVO
CAROLINA CONTRERAS A. |  EL UNIVERSAL
miércoles 11 de febrero de 2015  12:00 AM
Con 57 años de fundada y brindado apoyo a las comunidades la Dirección Nacional de Producción de la Fundación La Salle apuesta por el emprendimiento en las áreas agrícola, pecuaria y productiva para todos aquellos interesados.

"Estamos agarrando toda la experiencia que tenemos en el área de emprendimiento y lo estamos relanzando en una nueva metodología más moderna, reimpulsando los tres aspectos antes mencionados", explica Noé Martínez, director Nacional de Extensión Producción de la Fundación.

Agrega que en la fundación trataban el tema del emprendimiento cuando nadie lo hacia y que, por lo mismo, tienen fortalezas que otras instituciones no poseen.

"Entre nuestras fortalezas contamos con el arraigo de la región. Nuestras ofertas están cazadas con las fortalezas de la región y promovemos el desarrollo sustentable", dice.

La fundación tiene varios campus donde realizan actividades de investigación. Los tienen en Trujillo, Cojedes, Guyana, Caracas y la isla de Margarita.

En estos campus -por ejemplo, los de Cojedes y Trujillo- hay mucha actividad agrícola, transferencia de tecnología y asistencia técnica a los agricultores. 

Estas actividades están abiertas a todos aquellos en las comunidades que tengan intereses en estos temas agrícolas y de producción.

"El llamado es a todas las comunidades de nuestras zonas que tengan intereses en nuestras áreas a que vengan y desarrollen sus intereses", puntualiza Martínez.