Aqui estoy tranquila La danza de las horas llega La danza de la espera sigue. Yo soy la vida.

jueves, 16 de enero de 2014

Al maestro, con amor… por Willy Mckey Tomado el texto de Pro Da Vinci Willy McKey | 15 de Enero, 2013

“La auténtica enseñanza es la imitatio de un acto trascendente
o, dicho con mayor exactitud, divino,
de descubrimiento, de ese desplegar verdades
y plegarlas hacia dentro”
George Steiner. Lecciones de los maestros

“I would try to make a start
but i would rather you let give my heart
to sir, with love
Jann Arden. “To Sir, with love”

0. El saber sin rostro. Nos formamos a caballo (y a TIE Fighter) entre dos ficciones: la de la historia espectacular y la de la historia del espectáculo. Pertenezco a una generación para la cual la vida de Simón Bolívar y la de Luke Skywalker funcionan como quintos evangelios. Un hombre misterioso de espaldas, con un largo hábito color café y una capucha apartándolo de cualquier distracción oscura, remitía directamente al más respetable de los maestros: Obi-Wan Kenobi. También teníamos a Sórceres con el Príncipe Adam y a Jaga con León-O. Nuestros padres respetaban tanto a la Srta. Cometa por Takeshi y Koji, como al Sr. Spock por James T. Kirk. Nos formamos entre dos ficciones, pero creyendo en los maestros. Algunos creemos… todavía.
Cada año, cuando llega el Día del Maestro, recuerdo aquella edición especial del billete de cincuenta bolívares débiles que salió en 1981 con Andrés Bello como protagonista, pero que en su reverso no tenía el edificio del Banco Central de Venezuela, sino la reproducción de una pieza de Tito Salas en la que los adolescentes Simón Bolívar y el propio Andrés Bello son vigilados por la anonimia de un monje franciscano, bajo la copa enorme de un samán. Ese sabio sin rostro nos da la espalda a quienes pasamos por la Casa Natal del prócer más manido del mundo. Quizás lo hace porque le está prestando atención a la Historia.
Es cierto: nadie va a desenterrar los huesos del Padre Andujar. No pasará. Pero a mí me sigue recordando a Obi-Wan.
1. A partir de una fotografìa de Sam Witney. En la web circularon hace semanas una serie de fotografías de pueblos de Ghana. Eran fotos de Sam Witney. Una de ellas documenta un rectángulo de pintura negra enmarcado por la aridez de una pared de un color indefinible. En esa pizarra austera se pueden leer lecciones de biología y de geometría hechas con la misma tiza blanca y sobrepuestas a otras lecciones —ya casi invisibles— de inglés, historia, literatura. Conocimiento repartido, saber contagiado, clases articuladas por maestros que no aparecen en una foto que sin ellos habría sido imposible.
El testimonio, la prueba de lo verdaderamente humano, existe gracias a poder ver en un borrón de pizarra la posibilidad de empezar a aprender algo nuevo. Es posible descubrir que somos eso: la superposición de una lección encima de otra. Un montón de clases que, ya borradas, se han quedado tan adentro como para confiar en ellas.
No conozco Ghana. Quizás nunca la conozca. Me queda literal y conceptualmente lejos. Pero sé que hay pizarras así mucho más cerca.
Acá, en este país que nos ha convencido de su riqueza, también hay pueblos con sed y lugares donde no llegan los servicios básicos, ni Internet ni las bendiciones del subsuelo. Pero también aquí llegan los maestros, esa especie humana de vocación indoblegable que parece bastarse con la palabra. La palabra y la voluntad, nada más. Sea “endecasílabo”. Sea “isósceles”. Sea “mitocondria”. Las palabras, ese intercambio que permiten la lectura y la escritura como único conjuro.
Las palabras que van y vienen a una pizarra van haciéndola más opaca, pero también más viva. Tanto que deja de ser un recuadro de pintura rodeado por el más inhóspito de los paisajes y se convierte en la única posibilidad de transformarlo todo. Y entonces descubrimos que no somos lo que sabemos ni lo que nos han enseñado: somos lo que hacemos con eso.
2. Guáramo octogenario. Nuestra memoria caribe es breve. Brevísima. Las biografías se nos convierten en nombres ilustres. Los nombres se nos convierten en calles, avenidas, edificios… excusas. Aún así, el alcance de los maestros que no son llamados a protagonizar la Historia termina acompañándonos más de lo que creemos.
¿Un ejemplo? Aquellos maestros que, durante el gomecismo, se reunieron en el caraqueño Edificio Vargas justo hace ochenta años para fundar esa rareza gremial que se llamó Sociedad Venezolana de Maestros de Instrucción Primaria. Sin el asunto concienzudo de los catedráticos universitarios ni la farfullería del acto de masas, un grupo de maestros de escuela decidió defender los derechos de los docentes y proteger a los muchachos que iban a clases como las únicas vías posibles para adecentar la educación nacional.
El mismo profesional que se encargaba de iniciarnos en la lectura entendía la responsabilidad que tenía para iniciarnos en la democracia. Pero nuestra memoria caribe es breve. Brevísima.
3. [In]Vocación de justicia. Las fracturas de la vocación son la perdición para cualquier oficio. En Venezuela, las carreras universitarias vinculadas con la Educación son las menos solicitadas por los bachilleres recién egresados. Además, por un asunto de matriculación, también se han convertido en unas de las que solicitan el más bajo índice académico para la admisión. Es un círculo vicioso: un oficio mal pagado y con una ínfima valoración social termina siendo poco apetecido por quienes tienen los mejores índices académicos (o al menos lo suficientemente altos para apostar por carreras que les aseguren un mejor panorama).
Pero quizás esto no sea lo más grave, sino la decepción como herencia. Las precarias condiciones de retiro (o jubilación, llámelo como guste) que viven los docentes venezolanos que ya no están en ejercicio los han hecho descreer en la vocación. Los colegas de aquellos que se agremiaron en la clandestinidad del 15 de enero de 1932 se han sumado a esa gente que repite una terrible profecía a quienes de verdad quieren incorporarse al oficio de la docencia: “Vas a morirte de hambre”. Sin embargo, las universidades públicas y privadas siguen graduando a una cantidad de maestros al año como para esperanzarse estadísticamente y creer que una buena parte de esas cohortes saben que en este oficio tendrán contacto con una enorme cantidad de pequeñas vocaciones cargadas de futuro. Es en la escuela donde jugamos al “¿Qué quieres ser cuando seas grande?” y nuestro futuro depende de que algunos digan “Maestro, maestra”.
Y mejor si son vocaciones tan férreas como las de quienes militan en ese movimiento de educación popular integral y promoción social que tanta gente ha formado, tantas vidas ha tocado y que usted y yo llamamos Fe y Alegría.
4. Volver la fe una alegría. Fe y Alegría abrió su primer colegio en 1955, en el oeste de Caracas y gracias a que un albañil les cediera su casa para atender a los niños de la zona. No debe ser casual que en Catia a los albañiles también los llamemos “maestros”. Desde esa casita de Abraham Reyes hasta este presente (difícil) que viven los maestros de esa red de enseñanza, no se han abandonado ni los salones de clase ni la fe en cada muchacho.
En un país donde a cada rato se cita a Cecilio Acosta, Andrés Bello, Luis Beltrán Prieto Figueroa, Mario Briceño Iragorry, Juan Vicente González y José Miguel Sanz, e incluso advierten el apetito de exhumar a Simón Rodríguez, las contradicciones florecen como cayenas. Por eso, desde la más actualizada de las aulas hasta quienes enseñan a la intemperie, los maestros necesitan sentir que su trabajo vale tanto o más que el de otros profesionales que la sociedad respeta mucho más (a veces tan sólo porque aparecen con más frecuencia en la prensa). Quizás, antes que la urgente infraestructura y la seguridad social que merecen, lo que desean los maestros en un día como hoy no es una felicitación, sino que tomemos conciencia de que ellos están allí, responsabilizándose del futuro.
Fíjense: todavía se habla de un maestro español, llamado Francisco Ravé Berdura, que enseñaba Matemáticas y Dibujo debajo de un árbol. Lo hacía cerca de lo que durante aquel gomecismo de 1932 se conocía como el honorable Cuartel San Carlos. No es un maestro muy famoso. Entre las pocas imágenes que existen de él, hay una en la que aparece de espaldas, con un hábito de monje que siempre me ha recordado a Obi-Wan Kenobi.
5. ¿Francisco Ravé Berdura? [CODA BREVE CON INVITACIÓN] En vista de que la gente olvida del nombre del Padre Andújar hasta que a alguien le da por recordarlo, creo que vendría bien echar mano de la memoria y mencionar a esas maestras y maestros que, en los borrones de nuestra pizarra, forman parte de nuestra historia individual… de esto que ya somos y de lo que seremos.
Por eso, antes de que comenten los nombres de los suyos, me permito saludar a Yolima, esa maestra de la Unidad Educativa J.A. Pérez Bonalde, de la Calle México de Catia, que cometió el hermoso exceso de enseñarme a leer y a escribir.
No recuerdo su apellido. Me parece tan injusto. Nuestra memoria caribe es tan breve. Brevísima

Maestro Fiel, por Francisco Suniaga Texto tomado de Pro Da Vinci: Francisco Suniaga | 15 de Enero, 2013

La infancia y la escuela se amalgamaron en el Grupo Escolar Francisco Esteban Gómez y sería imposible tratar de distinguir donde terminaba una y comenzaba la otra. En aquellos años, la escuela era el lugar donde uno aprendía más cosas y donde nuestros ojos margariteños, rodeados de agua por todas partes y, encima, privados de la televisión, podían mirar más lejos. La escuela fue también el lugar donde más se ejerció la infancia, el escenario donde recrear la película del domingo, a galope tendido por sus espacios abiertos, en nuestros caballos de dos patas, o a toda vela, blandiendo las espadas y con las dagas apretadas entre los dientes, para dar caza y abordar navíos enemigos, desde el flamboyant más grande del patio, el buque insignia de nuestra flota pirata.
La Francisco Esteban fue asimismo la fuente de nuestros primeros temores, de ese miedo universal de los niños por la escuela, de ese terror –incomprendido por los adultos– a estar prisionero detrás de una cerca que clausuraba, puertas afuera, el único mundo en el que hasta entonces habíamos vivido. Temor que en mi caso estaba exacerbado por la idea que tenía entonces de lo que significaba salir “quebrado”. Y es que en mi azorada mente infantil imaginaba que a los pobres alumnos que no habían aprendido sus lecciones los paraban en el último peldaño de la escalera principal de la entrada y allí, con un garrote, los maestros les golpeaban el espinazo, justo a la altura de la cintura, y eran arrojados escaleras abajo a la vista de todos, quebrados para siempre. Ahora no recuerdo cuándo ni quién corrigió mi falsa creencia, pero hasta ese momento, viví aterrado con el comienzo de mi escolaridad que, inexorable, me exponía a llevar de por vida a la ignominia de “salir quebrado”.
Corregida mi errónea idea del quebrado, el miedo más grande de la escuela estaba entonces en cuarto grado y se llamaba Fiel Malaver. En aquellos tiempos en que el castigo físico era una técnica pedagógica de amplia difusión –muy bien acogida en La Asunción por los padres que querían que sus hijos sirvieran para “algo”–, el maestro Fiel era uno de sus cultores más ortodoxos. Como los buenos boxeadores, pegaba duro con las dos manos y, por si eso fuese poco, solía auxiliarse con una gruesa y pesada regla de madera que encargó a un amigo que trabajaba en la carpintería del Estado.
Cuando terminé el tercer grado y esa amenaza magisterial apareció en el horizonte, aproveché que en las vacaciones de agosto previas al comienzo de clases había hecho la primera comunión y busqué la ayuda divina. Pero, por más que le pedí a la Virgen del Valle que hiciera el milagro de ubicarme en la otra sección de cuarto grado, con una maestra mucho más amable, la fatalidad se impuso y me convertí en alumno del temible maestro Fiel.
Fiel Malaver, sin embargo, no parecía tan fiero como lo pintaba la leyenda; por lo menos eso fue lo que creímos durante las primeras semanas que estuvimos bajo su tutela. Las clases durante ese período inicial fueron una suerte de rounds de estudio donde el maestro se limitaba a establecer la rutina del aprendizaje, a explicarnos pacientemente las materias, sobre todo la aritmética, y a responder a todas nuestras preguntas. Las sesiones de la mañana, de nueve a once y media, se dedicaban a matemática y lenguaje y las de la tarde, de dos a cuatro y media, a las ciencias naturales y sociales. Infantes al fin y al cabo, no prestábamos mucha atención a las advertencias que el maestro Fiel nos hacía con aquella voz nasal de la que todos  nos mofábamos y que algunos podían imitar muy bien: “Estudien, estudien, hagan caso, no se confíen.  Miren que ustedes son como el  agua de un rio que pasa rauda y tranquila hasta que se encuentra con un dique, un dique como el de El Valle, es decir, conmigo, y no puede seguir pasando”, anunciaba. Amenaza que no tomábamos muy en serio porque se parecía mucho a las que recibíamos de padres y abuelos en nuestras casas. (Desde tiempos inmemoriales la amenaza con un castigo futuro incierto ha formado parte de la cultura pedagógica margariteña dentro y fuera de clases).
Y el dique se apareció una mañana infausta con tres divisiones insólitas de números decimales, algo así como 0,107039 entre 0,0035091 acompañadas de una sentencia terrible: “Por cada cuenta mal sacada, un reglazo en la mano abierta”. El agua de mi pequeño río se estancó en el dique de Fiel Malaver con dos reglazos que regué con copiosas e inevitablemente indiscretas lágrimas que, aunque no quería derramar, me saltaban de los ojos con la misma intensidad de mi rabia y mi dolor. Esa noche, por primera vez en mi vida estudiantil, me quedé hasta tarde practicando las infaustas operaciones y repasando sus reglas, ya no hubo más castigos por esa razón.
En las tardes, las condenas no eran tan severas. Después de las explicaciones, el maestro se limitaba a recorrer las filas y, uno a uno, nos interrogaba sobre los misterios de la biología o la historia, o sobre cuestiones que parecían ciencia y eran imposibles de responder, como aquella de por qué a los viejos de Margarita les daba frio cuando soplaba la brisa en las tardes de diciembre. (Para quienes no tuvieron  el privilegio de ser alumnos de Fiel Malaver: “porque han perdido el tejido adiposo”). Salvo que la respuesta fuese muy disparatada –como la de un compañero que aseguró, con demostración incluida, que el frontal, además del maxilar inferior, era el otro hueso de la cara que se movía y recibió el trancazo en la misma frente–, el maestro dejaba descansar la tormentosa regla. Sin embargo, según el calibre de la ignorancia manifestada en las respuestas, se prodigaba en jalones de orejas y de cabello acompañados de una profecía por el estilo de: “porquería no vas a servir para nada. Ni para recoger pepinos vas a servir”, o más simplemente, un epíteto: “animal”.
No obstante su dolorosa contundencia, la experiencia de ser alumno de Fiel Malaver tenía grandes compensaciones; era probablemente el mejor pintor de pizarrones del mundo y sus dibujos con tizas de colores nos revelaron las maravillas de la botánica, la zoología y la anatomía humana. Sus clases de geografía física y política universales fueron inolvidables y cualquiera de sus alumnos podría todavía recitar las capitales de Europa con la certidumbre de quien ha pateado sus calles, o ganar un concurso en la televisión enumerando las montañas más altas de América del Norte: el Mac Kinley en Alaska, el Whitney en California, el Rainier en Washington y el Popocatepetl en México, recitado como un mantra, con la pronunciación arcillosa del maestro y acentuadas, todas, en las últimas sílabas. O saber exactamente cuáles son las dimensiones del río Orinoco: “el más grande de Venezuela, el tercero de la América del Sur, el quinto del Nuevo Mundo y el noveno de toda la Tierra”.
Con la llegada de junio, el maestro Fiel dio inicio a una de sus campañas más intimidantes: “Estudien que por ahí viene el examen final, pero también vienen los días de San Juan y San Pedro y todos ustedes se van a ir a playa Guacuco a bañarse. Yo también voy a ir, pero yo no tengo que presentar ningún examen. Ustedes van a estar gozando y ninguno me va a ver, pero debajo de una de las matas de uva voy a estar yo mirándolos a ustedes saltar entre las olas. Y ninguno se va a ahogar allá en ese montón de agua pero, por no estudiar, se van  ahogar aquí. Ni siquiera en un vaso de agua, como dicen por ahí, sino en un platico llano que les voy a poner en el examen”.
El temido día de nuestro juicio final, sin embargo, Fiel Malaver, el duro maestro, se nos reveló como el sentimental que era y, a guisa de despedida, con gran sentimiento, nos aseguró que pasados unos años nos olvidaríamos de él y ni siquiera lo saludaríamos cuando nos lo cruzáramos en la calle. Mucho tiempo ha transcurrido desde entonces. La Francisco Esteban no parece la misma ni a La Asunción la cubre ahora esa calina perfumada a pan recién horneado que al final de la jornada escolar nos acompañaba en la vuelta a casa. Fiel Malaver murió hace ya varios años. La última vez que lo vi, tenía blancos el pelo y el mítico bigote, su cuerpo estaba más enteco, había perdido mucho de su tejido adiposo, y pensé que en las tardes de diciembre ahora sentiría frio.
En cuanto a que lo olvidáramos, creo que el maestro se equivocó. Creo que por más de una razón, quienes fueron sus alumnos, como hago yo, al pasar frente a la escuela, miran nostálgicos el salón de hace tantos años y lo recuerdan bien. O, por lo menos, recordaran sus viejas lecciones, como aquella de los puntos cardinales. Aun puedo mirarlo en el medio del salón, con los brazos en cruz, apuntando la mano derecha hacia donde sale el sol “así se da con el Este”. Y que, hecho eso, “el Norte es el que siempre está al frente de uno”, y así, con tener clara esa técnica, encontraríamos nuestro camino en cualquier lugar de la Tierra y en cualquier tiempo. En la vida una lección como ésa, maestro Fiel, es demasiado  grande como para olvidar a su autor.
***
Texto publicado en el libro de Crónicas Margarita Infanta (Mondadori, 2010)

sábado, 4 de enero de 2014

Se publicó recientemente "Dentro del arcoiris. Literatura para los niños rusos 1920-1935. Bellos libros, tiempos terribles", un libro sobre la literatura infantil bajo el régimen de Stalin. por Philip Pullman , Julian Rothstein y 2 autores más...La introducción fue escrita por Philip Pullman, escritor que se caracteriza por el mantenimiento de una creencia optimista en el Niño

La literatura infantil bajo Stalin


Andar y Ver - El blog de Jesús Silva-Herzog Márquez - page 4

Se publicó recientemente Dentro del arcoiris,  un libro sobre la literatura infantil bajo el régimen de Stalin: Libros preciosos, tiempos terribles es el subtítulo. Philip Pullman escribió en la introducción que la literatura infantil fue una especie de escondite de creatividad. Como puede verse en las imágenes, el libro es una joya suprematista:


Philip PullmanCBE (Norwich19 de octubre de 1946) es un escritor inglés, principalmente conocido por ser el autor de la trilogía narrativa La materia oscura
El primer volumen de La materia oscuraLuces del norte, obtuvo en 1995 el premio Carnegie Medal, concedido a las mejores obras del género infantil y juvenil. Además, una encuesta online realizada en 2007 le proclamó el más popular ganador de dicho premio en sus 70 años de historia.1 La serie completa se colocó en el tercer puesto deThe Big Read, la encuesta sobre gustos literarios que organizó la BBC en el año 2003.2En 2005 fue galardonado con el premio Memorial Astrid Lindgren.
La popularidad de La materia oscura llevó a New Line Cinema a comprar los derechos para llevar la trilogía al cine, lanzándose la versión cinematográfica de la primera novela a finales de 2007, bajo el título de La brújula dorada.

La sabiduría se manifiesta en la sencillez, en la ausencia de presunción, en no pretender demostrar en todo momento lo que uno sabe, los méritos que ha ido acumulando en una vida de conocimiento e investigación.. Y eso es lo que encontraremos en el compartir con Lucy Magallanes de Ortega




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Dicen que la mediocridad es la ausencia de cualidades personales en
individuos grises, que no se destacan por nada, comunes, corrientes,
vulgares, ordinarios, resentidos, que hacen vida vegetativa. Que no
tienen voz, sino eco. Son fantasmas que existen a hurtadillas como
temerosos contrabandistas. El escritor Salvador Garmendia los llamo
piadosamente, “pequeños seres”.
Mediocre se aplica a la persona cuya inteligencia es poco sobresaliente,
asimismo a las cosas que tienen poco valor o mérito. Mientras
que adocenado equivale a comprendido entre la gente de calidad inferior,
sin sobresalir de lo vulgar, corriente o común a muchos. Chapucero se
atribuye a la persona que trabaja tosca y groseramente, así como a
los hechos que merecen tales calificativos. Ordinario se refiere al
individuo común, corriente, vulgar, grosero, trivial, que no tiene
especialidad particular en su línea.
El sociólogo argentino, José Ingenieros, en su libro “El hombre mediocre”,
publicado en 1913, trata sobre la naturaleza del ser humano, sostiene
que “no hay hombres iguales”.
Manifiesta: “El hombre mediocre es incapaz de usar su imaginación para
concebir ideales que le propongan un futuro por el cual luchar. De ahí
que se vuelve sumiso a la rutina, a los prejuicios, a las domesticidades y
así se vuelve parte de un rebaño o colectividad, cuyas acciones o motivos
no cuestiona, sino que sigue ciegamente. El mediocre es dócil,
manejable, ignorante, un ser vegetativo, carente de personalidad,
contrario a la perfección, solidario y cómplice de los intereses creados
que lo hacen borrego del rebaño social. Vive según las conveniencias
y no logra aprender a amar. En su vida acomodaticia se vuelve vil
y escéptico, cobarde. Los mediocres no son genios, ni héroes ni santos”.
“Un hombre mediocre no acepta ideas distintas a las que ya ha recibido
por tradición, sin darse cuenta de que justamente las creencias son
relativas a quien las cree, pudiendo existir hombres con ideas
totalmente contrarias al mismo tiempo. A su vez, el hombre mediocre
entra en una lucha contra el idealismo por envidia, intenta opacar
desesperadamente toda acción noble, porque sabe que su existencia
depende de que el idealista nunca sea reconocido y de que no se
ponga por encima de sí”.
Vivimos inundados en un mar de pequeñeces, de pequeñas y grandes
pequeñeces; ahogados y asfixiados en un mundo donde seres pequeños
se revuelven contra todo ser grande que sobresalga y descarga
sobre él su odio y su envidia; donde los valores de la inteligencia
se desconocen y no se perdonan: donde existe un resentimiento contra
toda posible excelencia y una indecorosa parcialidad en favor de lo
pequeño, al preferir un bien inferior a uno superior; donde se detesta
a los individuos íntegros y se acepta tan solo a los moldeables; donde
no se rinde honor a los méritos sino que se les ataca; donde cada día
adquiere mayor predominio la moral de las almas mediocres, dedicadas
a aplastar todo brote de superioridad y de grandeza; donde cualquier
excelsitud al juzgar a un semejante se destruye con un “sí, pero”
o un “lástima que” donde encubiertos complejos de inferioridad llevan
a regatear la generosidad.
Las pequeñeces impiden lo grande. Por eso vivimos sumergidos
en la mediocridad, porque la única condición aceptable para salvarse
de la pequeñez es el ser o hacerse mediocre, el estar sólo dotado de
pequeñas dosis de virtud o el poseer valores ínfimos. Al no ser capaces
de percibir, o aceptar las excelencias del prójimo, se impide el
perfeccionamiento de la persona, ya que la admiración de lo insigne
trae el deseo de alcanzar el respeto
Hay ambientes de pequeñez, medios donde proliferan más las
pequeñeces: los profesionales y los políticos.
Por pequeñeces, valiosos profesionales son marginados y segregados
de la vida pública: no se les perdona su competencia ni su trayectoria
ni sus conocimientos ni el saberlos más allá y por encima de las
contingencias de un cargo temporal o una elección. Por pequeñeces se
pisotean prestigios y se desconocen o tratan de ignorarse auténticos
valores.
La medianía es lo que nos impide crecer y aspirar a tener ideales
entre nosotros. Podemos constatar con gran tristeza que nos satisface
que nada cambie para seguir iguales, apoltronados en
comodidades cuyo ambiente es la inferioridad. Nos cuesta trabajo
el esfuerzo, porque el empeño sostenido requiere de sacrificios y
análisis constantes para que se convierta en acción -y esto es lo
que nos hace falta a todos-.
Sobre la mediocridad, destacadas personas se han referido a ello
El escritor francés François de la Rochefoucauld, -1613-1680-
señala: “Los espíritus mediocres suelen condenar todo aquello
que está fuera de su alcance.”
Por su parte el científico y filosofo francés, Blaise Pascal -1623-1662-,
expresa: “Sólo conviene la mediocridad. Esto lo ha establecido
la pluralidad, y muerde a cualquiera que se escapa de ella por
alguna parte”.
Anatole France, escritor francés -1844-1924-, manifiesta: Los hombres
mediocres, que no saben qué hacer con su vida, suelen desear
el tener otra vida más infinitamente larga”.
El escritor norteamericano Joseph Heller, -1923-1999-, afirma: “En
esta vida algunos hombres nacen mediocres, otros logran mediocridad
y a otros la mediocridad les cae encima.
Cuando reflexionamos sobre cómo adquirir la excelencia podemos
percatarnos del grado de imperfección y conformismo en que nos
encontramos.
Son pocos los que piensan que sólo vive quien deja huella de las
obras que realiza y lucha por un ideal. Ser mediocre en suma es
ver en sí, ni en nadie, valor alguno y negarse a la iniciativa de crecer.
Tenemos la obligación de dejar de lado la pequeñez, el conformismo,
y no limitarnos a contar la historia, sino a hacer historia.

La alegría de vivir y de crear expresiones artísticas no envejecen en Lucy Magallanes de Ortega, pionera junto con Morita Carrillo, de la poesía para niños en Venezuela. Acaba de cumplir 83 años desbordando gentileza y enseñanzas en esta ciudad que hizo suya.


Lucy Magallanes de Ortega y su sobrino nieto el conocido fotógrafo
Leonardo Rojas Magallanes.

 El Carabobeño 20 diciembre 2013

Lucy Magallanes, la alegría de vivir para los niños

 Alfredo Fermín
afermin@el-carabobeno.com
La alegría de vivir y de crear expresiones artísticas no envejecen en Lucy Magallanes de Ortega, pionera junto con Morita Carrillo, de la poesía para niños en Venezuela. Acaba de cumplir 83 años desbordando gentileza y enseñanzas en esta ciudad que hizo suya.  
Nacida con el nombre de Angola Lucinda Magallanes el 2 de octubre de 1930 en Caracas, Lucy Magallanes dedicó su vida a la educación de generaciones de valencianos. Su labor más hermosa fue el Aula Creativa del Hospital Central, donde se entregó a educar a niños enfermos con el respaldo del eminente médico Jorge Lizarraga. Una labor que forma parte de las más bellas historias de esta ciudad. 
Cuando tenía días de nacida le llevaron a Boca de Tocuyo, en Falcón, donde su padre tenía un aserradero. Aquel río caudaloso le transmitió amor por la naturaleza, que se arraigó en su sensibilidad durante sus estudios en el Colegio Lourdes de esta ciudad donde se residenció la familia en 1942. Graduada de maestra en la Escuela Normal  inició su magisterio en el grupo escolar Simón Rodríguez. Después estuvo entre las fundadoras de la escuela Eduardo Viso. 
Admiraba a Luis Beltrán Prieto Figueroa y puso en práctica  su programa Educación para el Trabajo, que inició cuando fue ministro de Educación del presidente Rómulo Gallegos como ministro de Educación. “Me dieron la certificación de maestra titular de Educación Primaria el 16 de noviembre de 1948 y el 24 de ese mes cayó el gobierno de Rómulo Gallegos. Vino la dictadura de Marcos Pérez Jiménez y a los educadores los obligaban a firmar el llamado libro de oro, para expresar acuerdo con aquel régimen. A sabiendas de que yo jamás estamparía mi firma, el padre Heraclio me invitó a dar clases en el  Colegio La Salle, donde estuve hasta 1959. 
Mi familia sufrió mucho durante ese terrible gobierno militar -aseguró la dama-. Mi hermano, el escritor  Manuel Vicente Magallanes fallecido en 2009, fue perseguido y mis hermanas Lilia, Elsa, Noemí y yo sufrimos mucho como tantos venezolanos defensores de la libertad. Mi esposo Paco Ortega, dirigente de Acción Democrática, estuvo 14 meses haciendo trabajos forzados en Guasina. 
En el Aula Creativa fui feliz porque pude enseñar y dar felicidad a tantos niños humildes hospitalizados, cuyos padres no encontraban las maneras de expresarme su gratitud, recordó Magallanes. “Trabajé allí muchos años, por lo cual del Ministerio de Educación me transfirieron con mis años de servicios al de Sanidad que me jubiló. Pero yo no soy doctora, soy maestra”. 
Lucy es creadora de una poesía infantil didáctica que ilustra con dibujos de alegres colores, reunidos en diversas publicaciones. Se inició en la escritura cundo un niño de su escuela le pidió papel para pintar una casita para ella y otra para su mamá. “Eso me conmovió al punto de que escribí mi primer poema: "La pintura, señorita/ y una hoja de papel/ voy a pintar dos casas/ con este nuevo pincel/ señorita señorita/ las casitas ya pinté/ una es para mamita/ y la otra es para usted". 
Desde entonces escribo sin pretensiones de que se me considere poeta, dice Lucy Magallanes. “Pero estoy segura de que mis versos llegan a los niños, porque yo me hice niña para poderlos enseñar”.

Lucy Magallanes de Ortega fue una luchadora audaz dentro de su pertenencia a la clase social de la que procede, pues formada dentro de la concepción de la importancia de la educación en el desarrollo del país que organizó el Dr. Luis Beltrán Prieto Figueroa y donde participaron insignes educadoras chilenas traídas por Mariano Picón Salas también para apuntalar la formación de las maestras en la década que siguió a la muerte del General Juan Vicente Gómez, hay que saber mucha historia de Venezuela para comprender la esencia de nuestra querida Lucy...Este blog invita a ese conocimiento del país a través de mujeres como Lucy, pues es notoria la ignorancia que de esas épocas tienen nuestros jóvenes formados a partir de la década de los 70

También hay un estudio interesante en la Edición 464 de "Las Verdades de Miguel" 29 de Noviembre 2013 pág.14 titulado: PODER-AFRO  escrito por Ana Parata Reyes

anajota4@gmail.com

Los seres humanos tenemos por costumbre recordar las hazañas, las virtudes y fallas de nuestros próceres y heroínas, cuando son rememorados o recordados, para bien o para mal, lo importante esPoder Afro Argelia Laya determinar las razones del porqué no continuar con sus obras o con sus ejemplos.
Ponemos como ejemplo el legado dejado por nuestra gran Argelia Laya, insigne luchadora por las reivindicaciones de los venezolanos y en especial por las venezolanas. Una mujer cimarrona, ejemplo de virtudes, que planteó el debate de que si nuestra sociedad está formada por la mitad hombres y la mitad mujeres, en los organismos donde se toman las decisiones debe haber igualdad de representación (participativa).
Esta reflexión está relacionada con conocer de forma fiel y exacta en qué hemos avanzado las mujeres en estos 14 años de revolución, especialmente la mujer afrodescendiente.
¿Qué paso en Venezuela?
Hablando  de la mujer, tomamos un párrafo del documento denominado El protagonismo social, político y cultural de las mujeres latinoamericanas del siglo xx:
Las venezolanas lucharon contra la dictadura de Juan Vicente Gómez (1908-1935), sobre todo durante las jornadas de 1928, trabajadoras como Catalina Campos y Eumelia Hernández, intervinieron decididamente en la primera huelga general de su país en 1936. En la 1era huelga petrolera del año siguiente se destacó la maestra María Ediia de Barbaresco, que llegó a ser diputada por el Estado Zulia a la Asamblea Constituyente de 1945”. La instauración de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez (1948-58) cortó abruptamente este proceso. Sin embargo, muchas mujeres participaron en la resistencia, logrando formar en 1957 la Junta Patriótica Femenina que contribuyó al derrocamiento de la dictadura; pero una vez más fueron postergadas las reivindicaciones de la mujer.
En otro párrafo se lee una experiencia más reciente, ocurrida en Chile a pocos meses del golpe de Estado a Allende, a propósito de la coyuntura actual y que tiene también que ver con la mujer y su rol principal: Ellas participaron también en los Comités de base de la `República Socialista´ de 1932, en el Frente Popular (1938-46), en la Central Única de Trabajadores, donde Livia Videla y Mireya Baltra fueron elegidas dirigentes nacionales, y sobre todo en el proceso de la Unidad Popular (1970-73).  Las mujeres organizaron de hecho las JAP (Juntas de Abastecimiento y Precios), encargándose de la distribución y venta directa de muchos productos de consumo popular con el fin de contrarrestar el boicot de la alta burguesía y de las grandes distribuidoras comerciales. Las JAP fueron parte del proceso de creación de organismos de Poder Popular, que se generalizaron a partir de 1972. Las mujeres de las fábricas y otros sitios de trabajo intervinieron en la generación de los Cordones Industriales, uno de los principales embriones de poder popular. También participaron en los Consejos Campesinos y en los CERA (Centros de Reforma Agraria),  haciendo proposiciones de ocupación de tierras y de mejora de la producción agrícola. No podemos dejar de señalar que la agudización de la lucha política polarizó a las mujeres según la estructura de clases. Las de la burguesía y la mayoría de las mujeres de las capas medias se organizaron para dar la batalla que culminó en el golpe militar contra Allende. La marcha de las “ollas vacías” y los múltiples desfiles de las “momias” precipitaron el enfrentamiento de clases entre las mujeres. “Las calles de Santiago, Valparaíso y Concepción se convirtieron en campos de batalla entre las mujeres burguesas y las mujeres obreras. Pocas veces se había visto en América Latina un choque frontal entre mujeres pertenecientes a las clases antagónicas de la sociedad.
En las circunstancias actuales dentro de la guerra económica en que nos encontramos y viendo el ejemplo  más reciente que fue el derrocamiento de Salvador Allende, nos preguntamos: Siendo las más afectadas en esta guerra declarada, ¿creemos que el Gobierno  ha hecho suficiente? Sutil y silenciosamente suben los precios, se esconden los productos, se venden en la calle al triple de su valor. Pareciera que con el triunfo de la revolución bolivariana, se ha adormecido la conciencia de lucha de nosotras las mujeres afrodescendientes, imaginando ya que hoy, es todo paz y amor, cuando la realidad real es tremendamente distinta, pues afecta a la familia diariamente.
Nos toca ahora asumir nuestro rol de combatientes en defensa de nuestras familias y en contra de la guerra económica, copiando el ejemplo de las mujeres de Chile, para así acompañar al Gobierno en una lucha decisiva y efectiva en todos los niveles incluyendo aquellas desviaciones que ocurren al interior de la revolución.
A todos los camaradas que hacen vida política en las organizaciones y movimientos afro de Venezuela, los saludo afectuosamente y los invito a aprovechar esta trinchera a nivel Nacional, a sumarse al esfuerzo común.

Luis Vitale C. ... El protagonismo social, político y cultural de la mujer latinoamericana en el siglo XX

Para entender mejor quién es Lucy Magallanes de Ortega invito a quienes siguen su blog a que lean:
"EL PROTAGONISMO SOCIAL, POLITICO Y CULTURAL DE LAS MUJERES
LATINOAMERICANAS DEL SIGLO XX "  en el que se pretende demostrar que las mujeres no sólo tuvieron una destacada participación en las luchas por el derecho al voto y al divorcio, sino también en el avance social y cultural de América Latina.

"Las venezolanas lucharon contra la dictadura de Juan Vicente Gómez (1908-1935), sobre todo 
durante las jornadas de 1928. Luego, trabajadoras como Catalina Caxnpos y Eumelia Hernández,
intervinieron decididamente en la primera huelga general de su país en 1936. En la huelga petrolera
del año siguiente se destacó la maestra María Ediia de Barbaresco, que llegó a ser diputada por el
Estado Zulia a la Asamblea Constituyente de 1945. En esas elecciones fueron elegidas 17 mujeres;
cuenta Lucila Palacios:
“Yo fui entonces a la Constituyente junto con 16 compañeras más y trabajamos a la par de los
hombres en la redacción de la Nueva Constitución”.5 La instauración de la dictadura de Marcos
Pérez Jiménez (1948-58) cortó abruptamente este proceso. Sin embargo, muchas mujeres
participaron en la resistencia, logrando formar en 1957 la Junta Patriótica Femenina que contribuyó al derrocamiento de la dictadura; pero una vez más fueron postergadas las reivindicaciones de la
mujer: “Desperdiciamos —dice Esperanza Vera— la oportunidad de, una vez logrado el 23 de
enero de 1958, constituir una federación para luchar unidas por nuestros derechos”

Escritoras, artístas y periodistas
Durante las primeras deéadas del siglo XX América Latina tuvo el honor de contar con 
escritoras de nivel mundial como Gabriela Mistral, una de las primeras mujeres en ser galardonada
con el Premio Nobel.
Otra notable poetisa fue Alfonsina Storni, nacida en 1892 en Suiza y nacionalizada argentina
en 1920. Compuso sentidos poemas de hondo contenido feminista, como “Bien pudiera ser”:
“Pudiera ser que todo en verso he sentido¡ No fuera más que aquello que nunca pudo ser,/ No fuera
más que algo vedado y reprimido/ De famiha en familia, de mujer en mujer.! A veces en mi madre,
apuntaron antojos/ De liberarse, se le subió a los ojos/ Una honda amargura, y en la sombra lloró../
En todo eso mordiente, vencido, mutilado/ Todo eso que se hallaba en su alma encerrado,/ pienso
que sin quererlo lo he libertado yo”. Venezuela tuvo el orgullo de tener una de las escritoras
latinoamericanas más valiosas: Teresa de la Parra Sonaja. A los 21 años escribía artículos en
El Nacional con el seudónimo de FruFru.
Poco después escribió Diario de una señorita que se fastidia y una obra que ganó el premio de la
casa editora Franco-Iberoamericana: Ifigenia. Acusada de ofender a la moral tradicional y de
descreída por la “alta sociedad” caraqueña, Teresa contestaba: “Estoy desencantada de los falsos
valores, de los que hacen de todo retórica, sin el pudor de callar a tiempo y tan dispuestos a
cambiar la actitud de protesta por la de servilismo, si el azar, en vez de mostrarles un número par,
les deja entre las manos el impar”. No obstante sus largas estancias por Europa, Teresa era
profundamente latinoamericanista y crítica de las influencias foráneas: “En arte ‘lo propio’ es la
cantera de donde se saca todo. Esta invasión de idiomas y de costumbres en el espíritu son fatales a
la producción literaria(...). Las influencias europeas inoportunas, inadecuadas y mal digeridas
durante todo el siglo XIX nos han desorientado”. Al ideólogo conservador extranjerizante Lisandro
Alvarado le replicaba: “¿Por qué no escribiría en griego de una vez? No nos hubiéramos
comprendido mutuamente, él por hablar demasiadas lenguas muertas, yo, por relatarlo todo en esta
pobre lengua viva con que pedimos y comemos el pan nuestro de cada día. Así habríamos estado
seguros de no debernos nada ninguno de los dos”